
París en los años
veinte era un torbellino de modernidad. Las grandes avenidas vibraban
al ritmo de los carros de lujo y, en el corazón de esa elegancia, el Bois de
Boulogne se convertía en el epicentro de la vanidad mundana con los famosos
desfiles de automóviles, donde los asistentes presumían tanto el auto como la
pericia al volante.
Allí estaba Flor María Gómez Bello de Cárdenas, una joven caraqueña seducida por el glamour parisino. Invitada a lucirse en el desfile, aceptó con entusiasmo. Conducir por París era parte de su cotidianidad, pero le faltaban la destreza y la experiencia requeridas para dominar un vehículo de alta gama en medio de una exhibición multitudinaria. Los nervios le jugaron una mala pasada: al arrancar, el control se esfumó y el automóvil, en lugar de seguir el trazado de la pista, se desvió hacia la zona del público. El trágico accidente dejó varios espectadores heridos y fallecidos, transformando una tarde de júbilo en una auténtica pesadilla jurídica.
De inmediato, las demandas llovieron sobre la pareja. Sin liquidez inmediata para responder ante los tribunales franceses solicitó la ayuda económica de su padre, el general Juan Vicente Gómez la cual se demoró en llegar, viéndose los Cárdenas en la necesidad de poner a la venta su preciada residencia parisina, adquirida en 1922.
No se trataba de una propiedad cualquiera. El inmueble, situado en el número 11 de la Rue Copernic en el exclusivo Distrito XVI, respondía a la tipología arquitectónica de los grandes viviendas de la alta burguesía parisina: una suntuosa mansión urbana e independiente, diseñada con patios, salones señoriales y el refinamiento indiscutible de la Belle Époque.
Y es aquí donde la
anécdota personal da un giro histórico para Venezuela. Para rescatar a Flor
María y dotar a la República de un patrimonio diplomático de primer orden, el
general Gómez dispuso que fuera la Nación la que comprara el inmueble. La
transacción se cerró por la suma de 5.640.000 francos.
Gracias a esta
oportuna negociación, los Cárdenas saldaron sus deudas en París, mientras
Venezuela pasó a ser propietaria de una sede diplomática de lujo. No en vano,
la Venezuela de los años veinte ya transitaba el camino de la modernidad
petrolera, lo que le permitió al Benemérito disponer de esa multimillonaria
suma con absoluta holgura para asegurar el que sería el primer bastión
diplomático permanente del país en el exterior.
PARA EL LECTOR:
La narrativa de esta crónica entrelaza la vida de los hijos de los altos jerarcas del régimen en el exterior y la intervención del gobierno venezolano en la compra de un lujoso inmueble en Paris que será utilizada para sede diplomática, hecho geopolítico e institucional de gran relevancia.
. Más alla de esta compra que resultó un activo para la Nación observamos el poder omnipotente del general Gómez de utilizar el recurso del Estado para solucionar el problema de la hija, al mismo tiempo el bien inmueble paso a ser patrimonio de la Nación.
Esta cronica la publique en 2014 ahora la amplio con reflexiones para el lector.
Fuentes. Elena
Plaza. Blogs Historias de Maracay. Wikipedia. IA

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