domingo, 10 de marzo de 2013

FEDERICO BRITO FIGUEROA Y SU CONCEPCIÓN DE LA HISTORIA


Ensayo escrito por el historiador venezolano Reinaldo Rojas en "Federico Brito Figueroa, los annales y la historia económica y social de Venezuela", publicado originalmente en la pagina el eco de los pasos

II.-  Federico Brito Figueroa y su Historia Económica y Social de Venezuela.

            Es en México que Federico Brito Figueroa proyecta la realización de su Historia Económica y Social de Venezuela. Sin embargo,  un estudio de tal magnitud tiene sus antecedentes en Venezuela, cuando realiza sus primeros ensayos como estudiante en el antiguo Instituto Pedagógico Nacional, institución en la que recibe los fundamentos de su formación pedagógica e histórica al lado de maestros como Pablo Vila, Eugenio Imáz, Rodolfo Loero y Luis Acosta Rodríguez y que recuerda como un “laboratorio orientado a formar, en lo inmediato, profesores para la educación media, pero con perspectiva hacia un futuro quehacer en el campo de la investigación, combinado ésta con la docencia, ambas como una actividad cotidiana.”14, afirmación que comparte con sus condiscípulos Ramón Tovar y Guillermo Morón, quienes también, desde las aulas del antiguo Pedagógico Nacional, han hecho carrera en el ámbito de la Historia y las Ciencias Sociales que se cultivan modernamente en nuestro país.

            Y, efectivamente, en su Historia Económica y Social de Venezuela,  se puede apreciar esa combinación de influencias que caracterizan la obra historiográfica de Federico Brito Figueroa, donde se destacan dos grandes tendencias: el marxismo, teoría social revolucionaria que asume desde que se incorpora a la lucha social, especialmente, campesina, en los valles de Aragua en la década de los 40, donde producto de su  militancia comunista sufrirá prisión  y destierro en los primeros años de la dictadura perezjimenista. En aquellos años nuestro autor desarrolla sus actividades políticas a la par que realiza estudios en el Instituto Pedagógico, institución de la que egresa como Profesor de Historia y Geografía en 1949.  
            La otra tendencia es la que le viene de su formación profesional en el campo de la Antropología y la Historia al lado de la obra de Bloch y la Escuela de Annales.  En su Historia Económica y Social se encuentran ambas influencias, muy bien expresadas en la concepción misma de Historia que cultiva el autor, en su fundamentación teórico-conceptual y en su abordaje metodológico.  En la Introducción a la primera edición de esta obra, pensada para seis tomos, de los cuales hasta 1987 han aparecido cuatro, encontramos ambos aspectos: La concepción de una historia militante, comprometida con los procesos políticos de cambio revolucionario,  de reigambre marxista, al lado de un tratamiento profesional de la materia histórica, asumida su investigación como un proceso metódico, crítico y global, de inspiración analista y blochiana donde aparecen nuevos conceptos como criterio de totalidad y comprensión histórica, enfoques que junto al instrumento de la crítica social y el arte del buen escribir que cultiva desde sus primeros ensayos históricos entre 1949 y 1951, antes de su viaje a México en 1952,15  le darán a toda su obra historiográfica su particular estilo en la construcción del discurso histórico.   De ese estilo de escribir y de su método de trabajo e investigación, el propio autor nos ha dejado el siguiente testimonio, a propósito de un ensayo publicado en 1987 y dedicado al Suplemento Cultural del diario caraqueño Ultimas Noticias. Allí señala, en cuanto al uso de la prensa diaria como primer escenario de ensayo y crítica a su labor de historiador, lo siguiente:

En la página de opinión, a través de la columna “El Aula en la Calle” presento brevemente y en estilo directo, las notas iniciales de textos que posteriormente publico en el Suplemento Cultural en forma de ensayo y finalmente culminan en libros definitivos. Esta modalidad de escribir   para mis lectores (los únicos críticos que tomo en cuenta en mi trabajo como productor intelectual) me permite contrastar mis hipótesis y formulaciones teóricas con alumnos cercanos o lejanos; con los hombres y mujeres del pueblo que leen y discuten todo cuanto escribo, afortunadamente, con los especialistas con quienes estoy plenamente identificado en cuanto a los fines de “...la historia ciencia de los hombres en el tiempo”. (Subrayado nuestro)

            Y en cuanto a la crítica adversa a su obra y concepciones, destaca:

“Me permite igualmente conocer las críticas adversas de la historia oficial, conformada espiritualmente por el sistema económico-social y político dominante como una forma de afianzar esta condición en la mentalidad colectiva. Crítica adversa necesariamente porque si ocurriera lo contrario dudaría y me atrevería a repetir la exclamación de Augusto Bebel en el parlamente alemán: “...viejo imbécil que has hecho para que te aplauda la canalla...”.”16

            Pues bien, cuatro señalamiento de carácter teórico y de método encontramos en la Introducción de 1966 al primer tomo de la Historia Económica y Social de Venezuela,   que vienen a ser ejes centrales de su concepción historiográfica y donde podríamos decir,  a manera de hipótesis,  se interceptan los dos grandes pensadores sociales que más han influenciado a nuestro autor: Carlos Marx y Marc Bloch, en una relación de identidad y diferencia que más tarde el propio Brito Figueroa explorará en su libro Comprensión de la historia en Marc Bloch.17  Estos cuatro conceptos son a nuestro juicio los siguientes:
  1. La categoría colonia y su utilización como instrumento de análisis del proceso de dominación capitalista de la América Latina y del Caribe, categoría que viene a ser principio de la periodización que propone para el estudio y comprensión crítica de la Historia de Venezuela, desde el pasado aborigen prehispánico hasta nuestra contemporaneidad.
  2. La noción de historia estructural como fundamento y modalidad  de la Historia Económica y Social.
  3. El cultivo de la totalidad como criterio de análisis histórico y
  4. La toma de posición a favor de una historia militante, comprometida con el presente sin por ello estar sometida a sus exigencias políticas coyunturales.

Empecemos por su concepción de la Historia como ciencia y su relación con la Política. Para Federico Brito Figueroa, es evidente que la labor historiográfica verdadera se desarrolla entre las exigencias de la  racionalidad científica y la pasión por la política. Así lo señala en la Introducción de 1966:
La historia no es un conjunto de tesis a demostrar, pero en todo trabajo historiográfico, en cualquier obra de historia aplicada, precisamente para tener carácter de obra histórica, es necesario constatar el hilo conductor teórico reflejado en la capacidad de abstracción del historiador. La historia no es la política, pero el historiador, hombre de su tiempo, factor histórico individual de los problemas históricos de su tiempo y de su sociedad, no puede  eludir la comprensión del presente para penetrar con más fuerza y certeza en la explicación del pasado.”

            La distancia con las realidades del presente no supone su ignorancia. Por ello  puede perfectamente afirmar, en relación a lo que denomina neutralismo ético:

No, el historiador es, tiene que ser,  neutral en el desarrollo de sus investigaciones, así se contradigan sus propias hipótesis de trabajo, pero el historiador tiene también que comprender su presente, recordando en esto la lección de Marc Bloch…”18   

            Aquí nuestro autor, nos recuerda el famoso párrafo de la Apologie  según el cual “La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado. Pero quizá es igualmente vano esforzarse por comprender el pasado,  si no se sabe nada del presente.”,19 ubicándonos claramente en la concepción blochiana de la historia como ciencia de los hombres en el tiempo, retomando con ello el concepto de solidaridad de los tiempos y de las edades que hace posible asumir el análisis histórico más como proceso que como simple encadenamiento de acontecimientos y hechos individuales, a la manera de la historia tradicional, acontecimental y  positivista.

            Para Brito Figueroa, esta asunción consiente de la historia desde el presente, tiene en nuestro medio una clara carga política y de compromiso social que lo hace reafirmar, ya como historiador profesional, que no puede haber otra historia que la historia comprometida con la verdad y por ello, una historia confrontada – en teoría y práctica -  con la “historia oficial”, historia del poder, historia alienada “…orientada a “explicar”, pero sobre todo a justificar una situación que aspiran a presentar como eterna e inevitable”20.  Al hacer la caracterización global del proceso histórico venezolano, la categoría comprensiva de lo colonial se transforma en el eje central de sus hipótesis de trabajo. Así se puede apreciar en la estructuración inicial de los primeros tres tomos de la Historia Económica y Social. Veamos:

            El tomo I se corresponde con la “Formación de Venezuela”, abarcando el pasado indígena pre-colonial, el tiempo histórico colonial hispano y la Venezuela independiente en la primera y segunda mitad del siglo XIX.  El tomo II se denomina “Venezuela Siglo XX” estructurado en  dos partes,  a saber, la época de la penetración imperialista  y la época del neocolonialismo y el tomo III que el autor titula “Venezuela contemporánea” con una única parte referida a la época de la colonización integral del país y que publica en su primera edición en 1973 con un nuevo título: “Venezuela contemporánea ¿país colonial?. En  términos cronológicos los tomos I y II fueron editados por primera vez en 1966, por la UCV, el Tomo III por Venediciones en 1973  y el  tomo IV por la UCV en 1987, vale decir, en veintiún años de vida profesional. 
            Cubierto en los tres primeros tomos la relación entre las estructuras demográfica, económica y social  de Venezuela, el tomo IV abre el estudio,  a lo largo de todo el proceso histórico venezolano,  de la relación “Clases Sociales y Poder Político”.  Sin embargo, cada reedición de su obra da al autor la oportunidad de reflexionar sobre la misma. Si en 1966 afirma que “En sentido histórico, neocolonial  ocolonial  son los únicos términos con los que se puede definir y caracterizar el proceso de dependencia que domina en todos los niveles sociales de Venezuela contemporánea”, veinte años después, en 1987,  en el Prefacio y Propósito del Tomo IV señala, lo siguiente:

En el futuro, a partir de la sexta edición, el contenido temático (manteniendo la misma estructura) de los tomos I, II y III variará sensiblemente. (...) Los tomos II y III serán actualizados estadísticamente, y nada más, porque al revisar las fuentes, apoyados en el criterio metodológico que orienta nuestros trabajos, la investigación empírica y teórica conduce a los mismo resultados: la línea de evolución histórica de Venezuela es de país colonial, pasando porpostcolonial y semicolonial, hasta concluir en neocolonial en nuestro tiempo.”21 
 
            En este mismo orden de ideas, en 1992 publica un opúsculo con el título de Balance y Comprensión Crítica del Tomo I de nuestra “Historia Económica y Social de Venezuela”  en donde hace énfasis en el carácter aproximativo de sus investigaciones sobre el proceso histórico venezolano, destacando su condición de obra en permanente construcción. Allí,  partiendo del subtitulo que acompaña su Historia Económica y Social de Venezuela como propuesta de una “estructura para su estudio”,  señala: 

Si, “una estructura para su estudio”, porque la historia real de Venezuela puede ser (y así es) comprendida desde diferentes perspectivas, tomando en consideración otros elementos integradores de esa realidad. En efecto, algunas tendencias historiográficas fijan su atención en los sistemas políticos; otras en las ideas o en la cultura en sentido estricto, en la tecnología o en el cambio social.  Todo es válido en la ciencia de la historia, sólo que yo seleccioné la población, la estructura económica y la estructura social como “niveles” significativos de cualquier sociedad global. Esos niveles me facilitaron la reconstrucción y comprensión de la sociedad venezolana, con espíritu de totalidad, a lo largo de un “tiempo de larga duración”. Es decir, desde el mundo colonial iberoamericano al mundo  neocolonial  contemporáneo, regido por el imperialismo planetario, especialmente en la modalidad angloamericana (US).”22 

La ratificación de su periodización histórica, sustentada en la categoría colonia, no le impide exponer los cambios que la obra sufre frente a realidades políticas y sociales no sólo nacionales sino también internacionales, por efecto de las transformaciones que vive el mundo en su conjunto en la década de los 80, en especial después de 1989 tras los efectos que en  el socialismo y la teoría crítica marxista produce la desaparición de la Unión Soviética y del Campo Socialista. Veamos como asume este problema. 

En el Tomo IV ya se observan rectificaciones con respecto al proyecto original, aunque todavía subsisten algunas formulaciones tipo marxismodemodé, de manera ostensible ene el capítulo XXIV.”

            ¿Cuáles son esas modificaciones de que nos habla el autor y cuya precisión nos permiten apreciar su método de trabajo, en especial, en lo que corresponde a una obra de gran magnitud y aliento, como es la que venimos comentando?.

 La de esbozar ­– según señala – un tiempo histórico postcolonial,  que se extendería cronológicamente, desde la ruptura del orden colonial hispánico hasta los años sesenta del siglo diecinueve (desaparición de hecho y de derecho del régimen de esclavitud en la estructura económico-social) pero que podría considerarse que igualmente se prolonga hasta las primeras décadas del siglo veinte, porque subsistieron, con carácter dominante, otros dos rasgos coloniales: la gran propiedad territorial o  latifundio, y el nexo de dependencia de tipo tradicional exportación-importación. Así fue hasta que la renta petrolera minero-extractiva entró a dominar la economía venezolana, con relación al carácter de la dependencia.”

Y efectivamente, en la edición de 1987, el tomo IV aborda la periodización del proceso histórico venezolano dividido en dos grandes momentos: la Venezuela colonial y la Venezuelapostcolonial que el autor extiende cronológicamente hasta la sexta década del siglo XIX. El tomo V trata de los Antecedentes de la Penetración Imperialista, de la sexta década del siglo XIX a la década de los años treinta del siglo XX y el tomo VI de la Penetración Imperialista  al Tiempo Histórico Neocolonial. 

            Para Federico Brito Figueroa, los cambios del 89 lejos de cambiar la esencia del Capitalismo y del Imperialismo, lo que hacen es profundizar sus rasgos de dominación social y de explotación nacional, transformando al sistema que emerge de la caída del Muro de Berlín en un nuevo Imperialismo, un Imperialismo Planetario, categoría que sustenta en su Lección Magistral “El historiador de América Latina y el Caribe frente a la planetarización imperialista”,  expuesta en la VII Jornada Nacional sobre Investigación y Docencia en la Ciencia de la Historia, celebrada en Barquisimeto en julio de 1997. En aquella oportunidad se le oye decir:

Si, en efecto, un nuevo tiempo se está conformando como tejido mental del orden planetario imperial, el cual entró en el escenario de la historia contemporánea, en sentido universal, en los años correspondientes al Bicentenario de la Revolución Francesa (1989) y a los cinco siglos del llamado “Descubrimiento de América” (1992)”23
           
            Es en este contexto de crisis del proyecto socialista producto de  la desaparición del Socialismo Real y de expansión del Capitalismo bajo la forma de Imperialismo Planetario que Federico Brito Figueroa asume  en la década de los noventa del siglo XX la reflexión sobre su obra y, en especial, de su Historia Económica.