miércoles, 25 de septiembre de 2013

HISTORIAS DE MARACAY: IMAGENES DEL CACIQUE GUAICAIPURO

Cacique Maracay, imaginario popular (anonimo)




IMAGENES DE GUAICAIPURO:
GUAICAIPURO, IMAGINARIO POPULAR [FOTOGRAFIA XIOMARA ESCALONA, ANTROPOLOGA]



Pintura: Reunión de guerreros indígenas, selva de Los Teques

EL RESGUARDO INDIGENA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CANDELARIA DE TURMERO







CON ESE TITULO LA PROFESORA YSABEL MARIA GOMEZ CEDEÑO, defendió el primero de abril su tesis para obtener el título de Doctora en Historia que otorga la Universidad Central de Venezuela, obteniendo la calificación de Excelente, mención publicación. El jurado estuvo compuesto por los doctores:
Dr. Reinaldo Rojas- tutor
Dr. Horacio Biord
Dr. Carlos Julio Tavera Marcano
Dra. Egilda Rangel
Dra. Catalina Banko
YSABEL MARIA es docente de la UPEL-Maracay donde ingresó como profesora de la primera cohorte de la Generación de Relevo en el año 1994, ha obtenido los títulos de Especialista en Historia Económica y Social en la Universidad José María Vargas,  bajo la coordinación del Dr. Federico Brito Figueroa en La Victoria, Magister en Educación, mención Enseñanza de la Historia y ahora el título de Doctora en Historia.
Ha sido fundadora del Grupo Amazonas y el Núcleo de Investigación de Historia Oral, unidades de extensión e investigación de la UPEL-Maracay, y actualmente es coordinadora de la Maestría en Educación Mención Enseñanza de la Historia.

GRACIAS YSABEL HAS LLENADO DE ORGULO A LA UNIVERSIDAD, EL NIHO, TU HOGAR Y AMIGOS, AMIGAS.

DIVERSAS ACTIVIDADES ACADEMICAS
Fundación de la Asociación Historia Oral




Con la profesora Pamela Rodríguez







Taller de Historia Oral, organizando el Salón

Conferencia sobre la obra del Dr. Lucas Guillermo Castillo Lara

En el siguiente post hemos referenciado el trabajo de grado de la profesora Ysabel María Gómez para obtener el título de Magister en Educación, mención Enseñanza de la Historia


La propiedad territorial y el conuco en la hacienda Chuao


MEMORIA INDIGENA Y SU UTILIZACION EN LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA




VASIJA UTILITARIA



 Memoria Indigena conservada en el Museo de Antropologia e Historia de Maracay, es el blogs que ha diseñado la profesora Scarlette Bocaranda, como estrategia de aprendizaje significativo de la historia local, para lo cual  utiliza como recurso parte de la colección que resguarda el Museo de Antropología e Historia de Maracay,   que se conserva en el Kardex del Museo, la cual fue digitalizada  con los fines propuestos.
La puesta en práctica se hizo a través de los EPDCUE [Espacio Permanente de Desarrollo Cultural Endogeno] a través del Proyecto Memoria Indigena e Identidad Cultural, el cual entre otras actividades se desarrolló el objetivo de elaboración por parte de los estudiantes de las vasijas utilitarias que utilizaban nuestros antepasados indígenas asentados en la Cuenca del Lago de Tacarigua.

En la elaboración del plato utilitario los estudiantes realizaron en el mismo  dibujos de petroglifos, con lo cual incorporaron conocimiento previo que tenían sobre la cultura indígena, especialmente en Maracay, en el barrio La Pedrera se conservan varios petroglifos.
Estas sociedades indígenas son las que describe el cronista Juan de Castellano en su Elegía IX, en la cual señala que eran tribus numerosas que poseían "jardines, huertes y vergeles", poema que se encuentra publicado en este blogs.















Arrendamiento o despojo? De la posesión comunal al uso particular de las tierras del Resguardo indígena de Nuestra señora de la Candelaria de Turmero (1785-1835)



Archivo Registro Subalterno de Turmero



Dra. Ysabel María Gómez Cedeño
profesora Asociada Upel-Maracay
Integrante del Núcleo Investigación Historia Oral
[i].
La introducción de la noción de propiedad privada en las comunidades indígenas es el resultado de la imposición de un modo de vida diferente al original y es la semilla del proceso de descomposición de sus tierras. Los indígenas, en el caso del Resguardo de Turmero, usufructuaban en común las tierras otorgadas por Real Cédula de Merced de Tierras en 1592. No obstante a finales del siglo XVIII a causa de la influencia fisiocratica, y la necesidad de hacer más prospera la economía de ultramar, la Corona española legisló a favor de los arrendamientos de tierras indígenas desocupadas o baldías con el objeto de sembrar añil. Este elemento introdujo al interior del Resguardo el uso particular de la tierra en contraposición al uso comunitario que tenían los indígenas, contribuyendo grandemente al desmembramiento de los predios indígenas al añadir la ocupación de personas foráneas como factor disgregante. A continuación presentamos una aproximación al estudio de los arrendamientos de tierras en el Resguardo indígena de Turmero.

La vida del indígena puede definirse en el estrecho vínculo hombre-tierra. Esta concepción del mundo como espacio de vida global, donde no hay divisiones, sólo existe un universo, un origen, un fin y el hombre es parte inseparable de todo ese sistema, base de la cosmogonía indígena. De tal forma, que la tierra no puede ser considerada propiedad de alguien, ya que es la madre proveedora del sustento y el abrigo de todos los hombres por igual. La tierra es la razón que explica el origen de la vida del hombre, los animales, las plantas, los ríos y las montañas. En los mitos indígenas la tierra aparece con personalidad propia y como pariente del firmamento, el sol, la luna y las estrellas.

Esta visión de totalidad, propia de las etnias aborígenes, impedía al indígena adoptar automáticamente los conceptos individualistas implantados por la Corona española. Mensurar, dividir, fragmentar, arrendar sería intentar desintegrar al hombre y establecer parcelas en el universo, cosas absolutamente desconocidas e impensables en sus culturas.

La colonización española movilizó parte de esta concepción étnico-cultural con el proceso de implantación de los Pueblos y Resguardos de indios donde se impuso la enseñanza del idioma castellano y el adoctrinamiento católico. No obstante, las Leyes de Indias contemplaban la propiedad inalienable e imprescriptible para los Pueblos de Indios de las tierras de Resguardo, en las cuales permaneció aunque mutilada la concepción ancestral comunal de la tierra.

La práctica de los arrendamientos de las tierras del Resguardo indígena de Turmero que se inició a finales del siglo XVIII, estimulada por la Intendencia del Ejército y Real Hacienda con el objeto de fomentar la fundación de haciendas de añil, introduce en el seno de la comunidad indígena un concepto desconocido: la renta de la tierra.
Por lo novedoso que resultaban ser los arrendamientos para la comunidad indígena y por la manera como ocurren estos contratos se puede observar que se trataba de una actividad administrada por las autoridades coloniales que disponían generalmente de forma arbitraria de las tierras indígenas para tal fin, sin tomar en cuenta que: “… semejantes contratos no deben practicarse sino de las tierras que quedan sobrantes después de repartidas las mejores entre los indios con respecto a lo que necesiten para sustentar sus personas y familias”[ii] Aun cuando los títulos de arrendamientos eran concedidos favorablemente por el Corregidor o Teniente Justicia Mayor con el aval del Cabildo indígena, la fundación de haciendas de añil va a ocasionar conflictos entre los indígenas tributarios al ser despojados de sus tierras de labranza y conucos.

El 16 de mayo de 1786, D. Manuel del Puerto, natural de las Islas Canarias, solicitó de D. Vicente Ferrer, Teniente Justicia Mayor interino de Turmero, “… con acuerdo y conformidad del Cavildo de dichos Yndios…”, 40 fanegadas de tierras en La Ceiba, sitio comprendido en terrenos del Resguardo, para fundar una hacienda de añil, ya que estos terrenos se estaban arrendando por “… orden del Gobierno…”. El arrendatario se comprometía por medio del contrato a cancelar un canon “… según el precio en que se tasaren, y a que pagaren los demás arrendatarios ya establecidos…” y a cumplir “… todas las obligaciones a que ellos estuvieren obligados en los mismos términos, y con las propias circunstancias que ellos”[iii]

Este contrato de arrendamiento, cuya referencia documental es la más antigua de la que se tenga noticia, evidencia que para 1786 la práctica de arrendar las tierras del Resguardo indígena de Turmero era un hecho habitual y aceptado. No obstante, la nueva ocupación de dichos terrenos produjo frecuentes molestias a los indios tributarios, los cuales a través de sus representantes, el Cabildo de Naturales y el Cacique Principal, incoaron numerosos reclamos ante el Fiscal Protector y los tribunales competentes, a causa de abusos que cometían Corregidores y arrendatarios y por la restitución de sus tierras.

En 1795 el Cacique Principal del Pueblo de Turmero, Juan Miguel Rumero, denunció ante el Fiscal Civil los atropellos de los que eran objeto por parte del Corregidor y el Teniente Justicia Mayor de Turmero argumentaba que: “No es nuevo en los Pueblos de esta Provincia la poca o ninguna protección que merecen los Indios a los Tenientes…”, asimismo, señalaba que estos funcionarios actuaban pensando sólo en sus “propias utilidades” y “con tan poco amor para con los Indios”, pretendiendo “… que en lugar de sus vasallos sean sus esclavos: ellos los despojan de sus terrenos: ellos le impiden sus labranzas, y ellos se hacen Señores del Pueblo y de los Indios”[iv]

En el ordenamiento colonial el Corregidor era un funcionario español que representaba la autoridad del Rey y velaba por el cumplimiento de sus ordenanzas en los Pueblos de indios, además, era el recaudador de los tributos indígenas y quien administraba justicia en el Resguardo, también hacía las veces de Protector ya que debía recibir y dar curso a las denuncias sobre atropellos y maltratos de la que fuesen víctimas los naturales. Al contrario de los intereses de la Corona española, estos funcionarios muchas veces se valieron de su dignidad para cometer actos de corrupción y mal gobierno, aprovechando las distancias que lo separaban de autoridades de mayor jerarquía en la burocracia colonial y de las limitaciones que tenían los mismos indígenas para movilizarse a otras jurisdicciones a denunciarlos.

Sin embargo, los representantes indígenas de Turmero no descansaron en la lucha por el dominio de las tierras del Resguardo, tenían conciencia que el Corregidor y los arrendatarios “… no son los dueños de aquellas tierras sino únicamente los Indios y que por ningún pretexto o motivo (…) puede tomar utilidad de aquel suelo” y conocían la cantidad y calidad de las mismas, tal como lo menciona el cacique Juan Rumero “… que tienen tierras inmensas, y más que cualquier otro pueblo de la Provincia, y han gozado siempre de un rasgo de agua bien abundante para sus sementeras…”[v]

Como se ha mencionado antes, con los arrendamientos se generó un conflicto en el uso de las tierras del Resguardo, la comunidad que había sido amparada otrora por las leyes españolas era desalojada violentamente de sus conucos que se ubicaban en los terrenos más cercanos a los ríos y acequias, por parte de los arrendatarios y del propio Corregidor, ya que para la fundación de haciendas de añil era de gran importancia contar con abundante agua para la fabricación del tinte, lo cual confirma que los contratos de arrendamiento tan sólo eran instrumentos formales y en la practica ocurría la usurpación de la posesión indígena. Así refiere, en 1795 el cacique Juan Rumero ante el Fiscal Protector la situación en la que se encontraban los indígenas de Turmero, a raíz de dichos arrendamientos:

… “no tiene donde hacer pegujal ni con que regar su sembrado (…) pues ya en el día son muy pocas las tierras que tienen, y ninguna las aguas de que usan porque el teniente a permitido se tape la acequia y que se dirijan las aguas para unas haciendas nuevas que se están plantando en las propias tierras de los Indios”[vi]

Paradójicamente, era común en las autoridades coloniales el desacato a la normativa jurídica, “se acata pero no se cumple”, fue un principio que acompañó al ejercicio de no pocos cargos en la entramada burocracia colonial, el caso del Corregidor es de verdadero interés para el presente estudio por la autoridad local más cercana al Pueblo de Indios. Las Leyes españolas prohibían a los funcionarios de la Corona actividades distintas a las que debían cumplir conforme a sus atribuciones en la sociedad colonial; por ejemplo, no podían adquirir propiedades valiéndose de la persuasión a los vecinos y de las rentas del Estado.

Imagen de un Corregidor de indios Siglo XVI  (arte historia)
Sin embargo, el Capitán Don Francisco Carvajal quien ejerció el cargo de Corregidor y Teniente Justicia Mayor del Pueblo de Turmero, fue denunciado en varias oportunidades, en los años de 1795 a 1797 por los indígenas a causa de los actos de atropello y corrupción cometidos por su persona durante su gestión. En 1795 el señor Josef Germán Marín, indio tributario del Corregimiento de Turmero, expuso ante el Fiscal Protector que:

… “el actual corregidor Don Francisco Carbajal ha pasado de la clase de Teniente Justicia Mayor a la de labrador de añiles (…) se ha propuesto hacer una sementera en los terrenos dedicados para el cultivo y labores de conucos de vuestros naturales de aquel pueblo”…[vii]

De acuerdo con este testimonio, se evidencia que el Corregidor obtenía beneficio particular sobre la renta producida por las tierras del Resguardo indígena, no sólo por los arrendamientos sino por la explotación directa como labrador de añil. Igualmente refiere el indio Josef Germán Marín que el Corregidor “… valiéndose de la Judicatura y Ministerio que exerce (…) se ha propuesto la idea de aumentar la hacienda que ha emprendido con echar mano de los rastrojos o solares en que están situadas las siembras de vuestros indios”.[viii]
Representación contemporánea


IMAGINARIO SOBRE LOS CORREGIDORES DE INDIOS EN EL PERU: DICE
CORREGIDORES DE INDIOS
PEORES QUE SERPIENTES COMEGENTES. SON MAÑOSOS Y ZORROS Y LE QUITAN AL INDIO LAS TIERRAS.

El dibujo es contemporáneo, se observa que el dibujante incluyó su rostro.







Las contradicciones que provocaron el entrecruzamiento de los intereses económicos de la Corona y las pretensiones particulares de Corregidores y arrendatarios tuvieron consecuencias para la comunidad indígena. Con el transcurrir de los años los reclamos fueron en aumento y surgieron nuevos conflictos generados por la ocupación foránea del Resguardo. En suma los arrendatarios fijaron un patrón de uso particular en los terrenos del Resguardo indígena con el cual se perdía imprescriptibilidad. Además se trata de contratos leoninos que perjudicaban la comunidad indígena. Se convenía el arrendamiento por un lapso de nueve años y su renovación sucesiva si era del interés del arrendatario. En consecuencia, la ocupación llegaba como minimo a los 18 años, aunado a esto los arrendatarios pocas veces al expirar el convenio desocupaban las tierras, al contrario permanecían en posesión de ellas, o vendían las labranzas y edificaciones a otras personas quienes solicitaban el restablecimiento del contrato.

Ysabel María es integrante del Núcleo de Investigación de Historia Oral, docente asociado de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Instituto Pedagógico de Maracay, doctora en Historia por la Universidad Central de Venezuela.

[i] Artículo publicado por Ysabel Gómez Cedeño, “¿Arrendamiento o Despojo? De la posesión comunal al uso particular de las tierras del Resguardo indígena de Turmero (1785-1835). En Zandra Pérez, Jorge Bracho (compiladores) Enseñanza de la Historia, retos y perspectivas. Caracas, ediciones de la Subdirección de Postgrado de la UPEL, 2004. Pp-120-139.
[ii] Archivo del Registro Principal de Caracas, Sección Tierras, T-1.1807.f.2 (En adelante ARPC)
[iii] Archivo del Registro Subalterno de Turmero, Libro de Varios. F-54 (En adelante ARST)
[iv] “El Señor Fiscal por el Cacique de aquel Pueblo contra su Corregidor sobre tierras y aguas”.  ARPC, Sección Tierras, 1794, T.I.
[v] Idem
[vi] Idem
[vii] “El Fiscal pide que no se admitan representaciones a los Indios sin su firma y visto bueno y que se libra providencia para contener los excesos del cacique”. Archivo General de la Nación, Sección Indígenas, t. XIV, f.217. (En adelante AGN)
[viii] Ibidem, fl.218.

COPIA DEL DOCUMENTO EN TURMERO HUELLAS Y TESTIMONIOS 
LINK PARA EL BLOGS DE NELLY GUILARTE.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

CLEMENCIA CONTRERAS DE HERNANDEZ, UNA VIDA, MUCHAS HISTORIAS


"las acciones, hacen corazones" Clemencia
Calle de Torunos, estado Barinas
Nació Clemencia en 1923, en Torunos, pueblo situado a 30 minutos de Barinas, fundado en el siglo XVIII como un caserío con población proveniente de la mesa de Moromoy, segunda sede de la ciudad de Barinas,  pero que se había transformado para fines del siglo XVIII  en un importante Puerto fluvial , ya que a través de él se comerciaba los productos de  la provincia de Barinas: tabaco, añil, cuero. Su población originaria era indígena, los indios torunos, la cual fue desplazada e incorporada como mano de obra a las labores del llano. Para finales del siglo debido a las oleadas migratorias que se producían en la región,  llegaron  familias procedente de los andes, entre ellos los Contreras Cordero, Contreras Paredes, Contreras Vasos
 En Torunos  las casas eran en su mayoría de bahareque, con techos de paja o de zinc; por  las calles de tierra, los muchachos campesinos caminan  con los pies descalzos o alpargatas;  los pantalones cortos y el sombrero pelo e`guama, como era la usanza. Los techos de paja fueron eliminados para finales de los años 40, cuando se comprobó que eran nichos de las plagas: del zancudo y del chipo, ambas combatidas con el DDT. Clemencia recuerda que su hermana Clarita formó parte de los miles de venezolanos que se unieron a la lucha antimalarica, liderizada por el eminente médico Arnoldo Gabaldón, en bicicleta o sobre un burro recorrían el llano concientizando y vacunando a las personas. En esa cruzada Clara conoció a su esposo un joven que trabajaba como enfermero bilingue en la Socony Oil Compañy, antecesora de la Exxon-Mobil.
Sus padres María Rupertina Quintero y José Manuel Contreras, pareja que procreó una docena de hijos, de los cuales algunos murieron infantes víctimas de enfermedades como paludismo, gastroenteritis, Nueve Sobrevivieron y tuvieran una longeva vida: Rafaela, Angel María, Lucindo,  Hortensia, Clara, Clemencia, José María, Teresa y Manuel. En Torunos don José Manuel tenía una finca con ganado y donde cultivaba algunas frutos, tubérculos y legumbres para el consumo familiar.
Infancia
Clemencia rememora   los días felices de su infancia en un unión de sus padres y de sus numerosos hermanos cuando iban al río, corrían por la sabana, ordeñaban ganado y ayudaban en la crianza de los menores. A los once años, enfrenta la penosa realidad de  la enfermedad y posterior muerte de su padre.  Dice Clemencia
 "A papá le dio cáncer, de eso murió. El era un hombre muy culto, le gustaba leer y nos enseñó en la casa, porque no había escuelas. Tenía varios libros de Víctor Hugo. `Los Miserables`era uno de los favoritos; cuando él estuvo muy enfermo, Clara y Hortensia le leían. "
Casa de su madrina doña Ana Teresa Contreras de Concha
 La muerte de su padre fracturó esa vida, quedando la familia desamparada por cuanto la madre no tenía conocimiento del manejo del fundo, así como tampoco los hermanos, ya que en la época la responsabilidad recaía en los varones. Poco a poco  fueron vendiendo el ganado, posteriormente las tierras, todo lo cual produjo un resquebrajamiento económico y después de un tiempo ya no tenían nada.
Clemencia, 17 años en Barinas
 La nueva situación produjo la dispersión de la familia Contreras-Quintero, algunas de las muchachas tuvieron que irse a vivir en la casa de una tía paterna doña Ana Contreras de Concha, quien las acogió  en su casa. Ya en la década de los treinta Angel María, Lucindo, Rafaela y Hortensia se habían casado. Clemencia vivía con una prima hermana Elena Concha de Heredia en Trujillo, posteriormente regresó a Barinas, residiendo ahora con otra tía doña Antonia Contreras.
 "Clara se empleó como maestra, alquiló una casa y se fue a vivir con mamá, Teresa, José María (Chema) y Manuel. Esa casa estaba ubicada en la calle Pulido Mendez".
En la adolescencia llegó el amor
A los diecisiete años en abril de 1941, Clemencia conoció al joven odontólogo Pedro Luis Hernández, un coriano que había ido a Barinas para realizar una pasantías.
 Yo le pregunté ¿Tía cómo se hicieron novios?. Ella me contestó: 
" Yo fui a la clínica porque me dolía un diente. El me dijo que yo era muy linda y me preguntó que si podía visitarme. Le dije que sí" .  
 Al mes siguiente iniciaron una relación de noviazgo que culminó el 30 de diciembre del mismo año cuando contrajeron matrimonio “por poder”, una figura jurídica que permite contraer nupcias, autorizando una de las partes a un tercero para que lo represente en la unión, debido a que Pedro Luis había regresado a Coro y los viajes en ese tiempo eran muy complicados debido a la inexistencia de carreteras, aunque Juan Vicente Gómez había dado inicio a la construcción de  ellas para unir al país, ya que solo existían caminos la mayoría de las veces intransitables en la época de lluvias. 
La relación de noviazgo fue epistolar porque los novios vivían en ciudades diferentes, Pedro Luis en Coro y Clemencia en Barinas, estas cartas se han conservado durante más de 73 años y hoy sirven de documento para conocer el amor de estos jóvenes: 
En la primera carta Pedro Luis expone el amor que siente por Clemencia, que lo ha convertido en una persona dichosa. La noche del 13 de mayo había sido inolvidable porque le declaró personalmente su amor y sus deseos de convertirla en su esposa; ella en forma precavida le dice que lo piense bien antes de pedir su mano. 
 “Barinas: mayo 14-1941. Srta.Clemencia Contreras.S.B.M. Que felicidad es estar a tu lado, que momento tan inolvidable ese de anoche. Hubiera deseado no terminara nunca.¡Que  radiante y que linda! Estabas como siempre. Si supieras lo dichoso que me siento, mi corazón alienta una esperanza, pero no viviré de ella solamente, debe ser triste morir de desengaño cuando se juzga el corazón dichoso. Me dijiste que pensara bien lo que voy a hacer, mucho lo he hecho y no pienso sino en ti. Te amo, y mi amor no es una ilusión, estoy seguro… Pedro Luis”.  
64 cartas, 30 telegramas ha atesorado Clemencia durante 73 años y recientemente las leyeron sus nietos, uno de ellos, Pedro, las digitalizó para la memoria de todos. Clemencia y Pedro Luis se conocieron en abril de 1941 y en el 30 de diciembre de 1941 contrajeron matrimonio. 
 Contrae nupcias y se viene a Puerto Cabello y después Caracas
Hace 73 años Clemencia partió de Barinas y se estableció en Puerto Cabello donde su esposo trabajaba como odontólogo de la Marina en el Castillo Libertador de Puerto Cabello y ahí vivieron 18 años, y desde el año 1959 ha vivido en Caracas, en la urbanización Vista Alegre.
Clemencia con Pedro Luis y los hijos varones, años cincuenta
En la fotografía en blanco y negro, corre la década de los años cincuenta,  con su esposo y los cuatro varones: Guillermo, el mayor y en las piernas de izquierda a derecha: Pedro Luis, en el centro Edilio y Simón, en las piernas de su mamá.
Clemencia duró 30 años en feliz matrimonio con Pedro Luis, desde 1941 fecha del enlace hasta 1971 cuando lamentablemente fallece Pedro Luis víctima de cáncer. De esa unión procreó siete hijos, cuatro varones y tres hembras: Guillermo (1943), Pedro Luis ( 51  ), Edilio ( 52 ), Simón ( 53  ), Ana Teresa (1958), Trina (1962) y Amairany (1967) y tiene 9 nietos: Pedro y Lisette Hernández Rodríguez, Adriana y Tatiana Hernández Guerrero, Oscar Daniel y Mariana Fraute Hernández y Giovanna Vanessa, Giovanni Andrés y Valeria Valentina Errante Hernández.  Sus nueras Lidia Rodríguez y Daisi Guerrero, sus yernos Tito Fraute y Giovani Errante, son personas con las cuales Clemencia construyó lazos de amor que han perdurado en el tiempo.
Clemencia con tres hijas: Ana, Trina  y Amairany, diciembre 2012
En la fotografía  en colores Clemencia con  las  tres hijas: Ana Teresa, Trina Cecilia y Amairani, durante la reunión familiar de fin de año 2012.
Clemencia y Pedro Luis, protectores de la familia,
"Nunca he estado sola, porque recién casada viví con Virginia y Antonia, las tías de Pepe (Pedro Luis), ya que ellas lo criaron. Ellas vivieron con nosotros hasta que fallecieron, ya ancianas. Eran mujeres de carácter pero maravillosas, me llegaron a querer como una hija y yo a ellas."  
Clemencia yPedro Luis, año sesenta, en una playa de Puerto Cabello
"En los años sesenta me traje a vivir con nosotros a mamá y tuve la oportunidad de compartir con ella sus últimos años de vida, había perdido la visión de un ojo y se la pasaba todo el día rezando, como lo había hecho toda su vida. A mamá le encantaba conversar con los amigos que nos visitaban y les contaba que había tenido 29 hijos; no recuerdo tantos hermanos, es posible que mamá haya perdido la cuenta, pero si tuvo como doce, yo sólo conocí a nueve".  En los mismos años sesenta vivieron con nosotros cuatro sobrinos: Nelson, hijo de Alberto, hermano de Pepe .  Nepatalí y Sandra, hijos de mi hermana Hortensia, Violeta, hija de mi hermano Ángel María.  También Francisca, que se había formado conmigo, ayudándome con los muchachos, muy aplicada estudiaba enfermería. Para finales de los sesenta  Alexis Salazar, un joven médico de Puerto Cabello que hacía postgrado en el Hospital Clínico.  Total que junto a las trabajadoras domésticas, que se les llamaba "muchachas de servicio", facilito se contaban hasta 16 personas conviviendo en la misma casa. Y todo con el sueldo de Pepe, que trabajaba en la Marina en la mañana y en la tarde en la Comandancia de La Carlota, ya que era militar asimilado."
En los años que viví en la casa de Clemencia ella me protegió en el año 1970 cuando sufrí una extraña enfermedad llamada sindrome de guillain barré, que me mantuvo una semana en terapia intensiva y otra en la sala de recuperación. Cuando salí del Hospital Universitario de Caracas también llamado Hospital Clínico donde estuve hospitalizada, estuve en tratamiento de fisioterapia en el hospital Miguel Pérez Carrero donde logré mi total recuperación. Durante la enfermedad Clemencia me proporcionó el cuido de una madre y ha sido una de las razones de mi agradecimiento con ella, por ser bondadosa.
Clemencia, heroína de su vida
Clemencia, años sesenta
El 29 de abril de 1971 fallece Pedro Luis víctima de cáncer, Clemencia queda viuda a los 48 años  con sus siete hijos; ya habían fallecido las tías de Pedro Luis y su mamá; sus sobrinas/ sobrinos, también se habían marchado. 
 Clemencia siempre ha sido una mujer centrada, cualidad que le ha permitido vencer las dificultades;  con la muerte de su esposo, se enfrenta a la gran responsabilidad de terminar de criar a los hijos menores, ya Guillermo tiene 28 años, consigue trabajo en el Banco Caribe y años después en 1979 se gradúa como contador público en la UCV; Pedro Luis, tiene 21 pero continua bajo su tutela; Edilio de 18 se ha ido a Valencia a estudiar medicina en la UC.  Los hijos pre-adolescentes son Simón y Ana Teresa y las más pequeñas Trina Cecilia y Amairany.
En esta etapa de su vida, además de su propia vitalidad interior, cuenta con varias fortalezas entre ellas su carácter optimista, “su mente positiva”;  el clima en el hogar continua siendo armonioso por la crianza que han tenido los hijos donde se les había inculcado los valores de respeto, amor y unión familiar. Por otra parte, su hermana Clara y sus amigas eternas: Ysabel de Castillo, Elina de Campos.  A esto se sumaba los vecinos de la calle 3, todas familias que se conocían desde años y donde los muchachos se habían levantado como hermanos: Castillo, Lulo, Espinal, Fraute, Mendoza,  Di Totto, Errante. Con ellos emparentaron ya que Ana Teresa se casó con Tito Fraute y Amairany con Giovanni Errante.
La previsión social provenía de las instituciones donde Pedro Luis había trabajado, lo que produjo el sostén económico, sabiamente administrado, que permitía contribuir con la educación de los hijos, graduándose Edilio de médico cirujano en la Universidad de Carabobo,  Ana Teresa de odontóloga en la Universidad Central de Venezuela y  Amairany de profesora especialista en problemas auditivos en el Pedagógico de Caracas.  Simón desde joven comenzó a trabajar en la empresa privada.
Clemencia con parte de la familia, diciembre 2012
Los hijos crecen y forman sus propios hogares

Entre las décadas de los años setenta y ochenta, los hijos de Clemens, comienzan a formar sus propios hogares. Fue Simón el primero en casarse con Lidia Rodríguez, procreando dos hijos: Pedro y Lisette, ambos egresados de la Universidad de Carabobo, ya que la pareja se fue a vivir a Valencia, cuando las fábricas donde trabajaban fueron trasladas a los estados centrales, dentro de la política del estado de descentralización de las industrias de Caracas. Después se caso Edilio con su compañera de estudios Daici Guerrero, con quien procreo dos hijas: Adriana, ingeniera egresada de la Universidad Simón Bolívar y Tatiana, egresada de médico cirujano de la Universidad de Carabobo, ambas jovenes casadas. Después en el año 1984 se casó Ana Teresa, con su vecino Tito Fraute, médico cirujano, procreando dos hijos: Oscar Daniel, recién casado y Mariana. Trina contrajo nupcias en el año 1985 y Amairany, la menor se casó  con su vecino Giovanni Errante, procreando tres hijos: Giovanna Vanessa, Giovanni Andrés y Valeria Valentina El mayor y último en casarse fue Guillermo, mientras que  Pedro Luis ha permanecido al lado de su madre.
Clemencia, don de gentes
Clemencia posee lo que llamamos "Don de gentes", expresión que se utiliza para señalar aquellas personas que  además de ser reconocida por su honestidad  y su irreprochable conducta, tienen la virtud de demostrar siempre, sin hacer el menor alarde de ello, una buena predisposición para con los demás. 
  ¿De donde proviene ese don de gentes?. Según el cristianismo es "un regalo de Dios", otorgado a una persona para que pueda ejercer fácilmente sus virtudes espirituales: fidelidad, valentía, nobleza de corazón, misericordia, sabiduría, prudencia, entre otros. Las personas con "don de gente" están llenas de optimismo, irradian energía, se conectan con las personas y son capaces de crear puentes afectivos. 
Una de las virtudes de Clemencia ha sido ver la vida con optimismo. Siempre ha dicho con sabiduría: "mente positiva",  se trata de una concepción que ha tenido de la vida, porque ha considerado el optimismo, la esperanza, la fe, como  requerimientos para la realización de cualquier proyecto.
Otra es la fidelidad que tiene hacia sus amistades, brindándole siempre ayuda espiritual o material, según sea el caso. Esto se hace manifiesto cuando hace el ofrecimiento de su casa como un sitio de morada, para aquellas personas que han tenido necesidad de hospedarse en Caracas para recibir tratamiento médico, como la señora América Puerta, mi hermano Elí, los hijos de su sobrina Rafaela. Particularmente mi tía ha sido invalorable para mi ya que me ha ofrecido vivir en su casa, cuando no he tenido hogar, recibiendo siempre  la palabra consoladora, cuando una y muchas veces me ha repetido: "Mamita, mientras yo viva, esta es tu casa ". 
Frases de Clemencia
" Para ser felices las personas no necesitan ser ricas, sino quererse", 
 " la belleza es secundaria, lo importante son los sentimientos", 
"las acciones, hacen corazones", 
"mente positiva".
Clemencia, 90 años, Caracas
Clemencia hoy
El 16 de julio cumplió 90 años,rodeada de todos sus hijos, hijas, nietos, nietas, otros familiares y amistades.

jueves, 5 de septiembre de 2013

MADRE MARIA DE SAN JOSE, BEATA


Madre María de San José. ( Fotografia de Anais Loreto Párraga en el grupo Maracay solo su pasado histórico )

Historias de vida: la madre María de San José y mi madre Hortensia Contreras
La devoción a la madre María de San José está ligada a mi vida desde hace como 30 años, ya que mi madre, Hortensia Contreras, quien falleció en el año 2005, le tenía mucha fe y siempre estaba haciéndole peticiones. ¿Que peticiones hacía mi madre?.  Para ella le pedía salud,  que intercediera ante Dios para aliviar el dolor en las rodillas, ya que sufría de artrosis. Le hacia peticiones por la paz de la familia, que se eliminaran los resentimientos, las interpretaciones erróneas de los hechos.