lunes, 12 de marzo de 2012

DE BLANCOS CRIOLLOS Y PATRIÓTAS: LA FAMILIA ZÁRRAGA JEREZ ARISTEGUIETA Y LA GUERRA DE INDEPENDENCIA, 1810-1830 de Ysabel Maria Gómez Cedeño, el sábado, 3 de marzo de 2012 a la(s) 21:57U


de Ysabel Maria Gómez Cedeño, integrante del Nucleo de Investigacion de Historia Oral (NIHO), doctora en Historia , articulo publicado en la red social Facebook el 1 de marzo de 2012.

El “inicio” de la Independencia es uno de nuestros más enarbolados mitos, hace un siglo los individuos de número de la Academia Nacional de la Historia acordaron que el 19 de abril de 1810 debía ser conmemorada como la fecha originaria en la cual se fraguó la edificación de la Nación Venezuela (Quintero, I. 2005:102)  Sin embargo, el asunto no está completamente clarificado,  al decir de Parra - Pérez, C. (1992:3) “la situación de Venezuela al romperse la monarquía, encuentra que nuestros criollos no tenían serias e irrefutables razones de descontento contra el  régimen”.

El golpe del 19 de abril de 1810 amaneció después de algunas intentonas y conjuras trasnochadas por el desacuerdo de sus actores. Sin embargo, ese día el guión ya estaba listo, aquel Jueves Santo Vicente Emparán Capitán General de Venezuela sería depuesto por el Cabildo caraqueño. A raíz de estos sucesos se constituyó en Caracas la Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII.

En medio de la agitación revolucionaria era inminente la organización del nuevo gobierno. La Junta Suprema fue constituida por 23 miembros casi todos de la aristocracia caraqueña. Para el mando militar fue escogido el Coronel Don Fernando Rodríguez del Toro, quien nombró a los Comandantes de los diferentes batallones: de la Reina, veteranos y pardos, escuadrón de caballería, cuerpo de artilleros, además de designar al Comandante militar de Puerto Cabello. A mediados de mayo, completó su cuadro con el nombramiento de Jefes para la compañía de Granaderos veteranos, para la milicia de blancos y el escuadrón de caballería de Caracas, para el batallón de Pardos  de Nirgua y para dos nuevos escuadrones de caballería destinados a Valencia y los Valles  de Aragua, la mayor parte de estos jefes eran peninsulares (Parra – Pérez, C. 1992:205).

En julio de ese mismo año, Don Miguel de Zárraga y Caro, Contador General de la Real Hacienda, reconocido entre quienes defendieron dicho movimiento, fue designado por la Junta Suprema como Capitán de milicias. El Jefe de los Zárraga quien era oriundo de Santo Domingo y de noble ascendencia estuvo vinculado a la causa patriótica  tiempo antes de 1810.k (Zárraga, C. 1883: 316. Dávila, V. 1926:414)
En las otras provincias de la Capitanía General de Venezuela llegarían pronto las noticias de Caracas, en las siguientes semanas las provincias de Cumaná, Margarita, Guayana, Mérida y Trujillo se unirían al movimiento revolucionario. Las provincias de Coro y Maracaibo se mantuvieron distantes hasta que se declararon en franca oposición a los blancos criollos de Caracas, al breve tiempo contarían con el apoyo de Guayana que decidió someterse similarmente al gobierno de la Regencia.

La  necesidad de legitimación de la Junta Suprema puede notarse en la relevancia que se le dio a las misiones diplomáticas en las cuales se invirtieron además del dinero del tesoro público las donaciones de mucho vecinos “patricios.”  La misión que visitó Londres integrada por Andrés Bello, Luis López Méndez y Simón Bolívar, estaba cargada de muchas expectativas, no solo porque se buscaba el apoyo del Imperio anglosajón sino porque también ahí residía el proscrito Francisco Miranda, quien era uno de los revolucionarios más reconocidos en Hispanoamérica. Así lo manifestaba López Méndez en una carta que desde Londres dirigió a la Junta Suprema, el 3 de octubre de 1810: 

Caracas debe llamarlo por su propio interés (…) su restitución a la Patria, que tanto le debe, es un acto de humanidad, de gratitud y aun de justicia. ¿Bajo que pretexto podría negarse un asilo de paz a este hombre respetable, nacido entre nosotros, envejecido en el afán de buscar medios para libertarnos y hecho por nuestra causa el blanco de la persecución (Polanco Alcantara, T. 1996:698)

El anciano fue sorprendido por el llamado de la Patria y a pesar de sus dudas, se embarcó rumbo a Caracas donde era esperado entre entusiasmo e intrigas, aquellos que lo persiguieron y que lo obligaron al ostracismo desde aquel día de su regreso compartirían los destinos de la guerra por la Independencia.

Los inicios de la revolución fueron turbulentos, mucha confusión reinaba en los debates políticos, se planteaba la necesidad de formalizar una Constitución y declarar la Independencia. Desde la Sociedad Patriótica, organización creada por la Junta Suprema para el fomento de las artes, industrias y agricultura,  los “hombres de Miranda”  [ Bolívar, Coto Paúl, Peña, García de Sena, José Felix Ribas, Muños Tebar, los Carabaños, Espejo, los Salias, Soublette, Sanz, los Buroz, Tejera, Yanes, Alamos, otros más] lanzaban feroces discursos contra el Congreso que se celebraba por vez primera en la ciudad de los techos rojos. Las representaciones de Coro y Maracaibo no asistirían al magno evento donde se declaró la independencia el 5 de julio de 1811, después de un largo y acalorado debate entre los representantes de las demás provincias. Este hecho demostraba abiertamente la posición beligerante de Venezuela frente a la Metrópoli española y a los suspendidos derechos del cautivo Fernando VII.

La situación de España todavía bajo el dominio del Emperador Napoleón permitió a los conjurados del 19 de abril mantener el control político sin mayores enfrentamientos militares. Los criollos no supieron aprovechar las ventajas que le ofrecía la situación política de España. En el impreso “Reflexiones Histórico-Criticas sobre la Insurrección de Caracas” su autor mencionaba lo menguada que se encontraban  las tropas veteranas, “el batallón de la Reyna se hallaba reducida á la corta expresión de ciento y cincuenta hombres poco ó menos: el fixo que era menos numerosa, pues ascenderia á quinientas plazas…” Añade que, eso no era lo peor de aquella situación, el arraigo y las relaciones forjadas a raíz de una larga permanencia en Venezuela ocasionaron que gran parte de la oficialidad estuviera emparentada con “los pretendientes de Junta Suprema.” (1971:33) Sin embargo, aquel amanecer revolucionario vería temprano la noche de la derrota.

Las divisiones, las intrigas, la falta de experiencia militar, la indisciplina, la mala administración de la cosa pública por parte de los blancos criollos, sumado al estruendo del terremoto del 26 de marzo de 1812 que  anunciaba el castigo de Dios para los rebeldes y filtraba el miedo en su moral, la incomprensión de la figura de Miranda a quien se le cerraba el paso desde su llegada, y en quien después recayeron todas la culpas de la perdida de la República. Sus enemigos le entregaron el mando en esa hora en que todo ya estaba perdido, el Generalísimo asumía poderes extraordinarios para salvar a la Patria ante la derrota inminente.

Las fuerzas realistas a la cabeza de Monteverde avanzaban indestructibles desde Barquisimeto apoderándose de Valencia, al paso de su ejército  muchos de los que habían defendido el pabellón patriota se pasaban sin ningún pudor al bando contrario. La lamentable pérdida de Puerto Cabello ocasionada por un traidor dejaba claro que “Venezuela estaba herida en el Corazón.” El terrible colapso llevaría a Miranda a conciliar con Monteverde la firma de una Capitulación el 25 de julio de 1812 en San Mateo.

La ira inflamó la sangre de los patriotas que sintieron que el Generalísimo los había traicionado, demás esta juzgar este hecho tan lleno de misticismo, lo cierto es que el “Precursor” de la Patria fue entregado por sus hermanos de armas para morir en “La Carraca” adónde iban a parar los más grandes enemigos de España. Con la firma de la Capitulación comenzaba el gobierno del canario Domingo de Monteverde quien a priori desconoció los acuerdos y declaró la “Ley de la Conquista”. Unos cuantos criollos, entre los cuales estaba Simón Bolívar, pudieron escapar a las represalias de los realistas para reorganizar sus fuerzas y reconquistar la Republica.

Los que no contaron con la suerte del exilio fueron perseguidos y conducidos a las prisiones al poco tiempo de la rendición. En diciembre de 1812 Miguel de Zárraga y Caro aparecía en la lista de presos revolucionarios recluidos en la Real Cárcel, de un total de 77 prisioneros solo en la ciudad de Caracas.(Troconis de Veracoechea, E. 1983: 127)
En La Victoria el 4 de diciembre  de ese mismo año, por orden del Capitán General Domingo de Monteverde se constituyó una Junta en la cual figuraba junto a notables isleños los nombres del Marques Casa León, Luis Escalona, Juan Esteban Echezuría, el doctor  José Manuel Oropeza y los presbíteros Manuel Vicente de Maya y Rojas Queipo, personas de “luces, honor y lealtad”, cuya finalidad era “aplastar la subversión que comenzaba a manifestarse entre distintos grupos de la población y, a más amplio nivel, entre muchas ciudades de la provincia”, que veían con horror la barbarie canaria. (Troconis de Veracoechea, E. 1983: 129) 

n La Victoria el 4 de diciembre  de ese mismo año, por orden del Capitán General Domingo de Monteverde se constituyó una Junta en la cual figuraba junto a notables isleños los nombres del Marques Casa León, Luis Escalona, Juan Esteban Echezuría, el doctor  José Manuel Oropeza y los presbíteros Manuel Vicente de Maya y Rojas Queipo, personas de “luces, honor y lealtad”, cuya finalidad era “aplastar la subversión que comenzaba a manifestarse entre distintos grupos de la población y, a más amplio nivel, entre muchas ciudades de la provincia”, que veían con horror la barbarie canaria. (Troconis de Veracoechea, E. 1983: 129) 

A la siguiente semana, gracias a los informes de dicha Junta fueron enviados a La Guaira 108 patriotas, blancos criollos que apoyaron la causa de abril de 1810, entre quienes se encontraban Juan Pablo y Mariano Ayala, José Tomás y José Ventura Santana, Francisco Talavera, Carlos Soublette, Vicente Salías,  “un Pelgrón, un Ibarra, un Blanco, un Tovar, un Palacio, dos Rivas” (Parra - Pérez, C. (1992:588)

Mientras tanto, Simón Bolívar que se refugiaba en Curazao junto con otros patriotas pasaron en octubre de 1812 a Cartagena en la Nueva Granada, ahí solicitaron la autorización del gobierno para defender la causa emancipadora y formar filas en las tropas patriotas. En Cartagena, Bolívar pronunció su famoso Manifiesto y ganó adeptos con los cuales logró salir victorioso, libertar a la provincia del Magdalena y avanzar hacia Venezuela donde fue aclamado Libertador en 1813 a su llegada a la ciudad de Mérida. Empezaba así la Campaña Admirable, a finales de junio Simón Bolívar acompañado de un ejército formado con venezolanos y neogradinos de gran talla avanzaron a Trujillo y entraron el 7 de agosto triunfantes a Caracas. Por su parte, “Girardot había vencido a los españoles en Aguaobispos; Ribas y Urdaneta en Niquitao y Los Horcones; y el propio Bolívar en la batalla de Taguanes, ya en la Provincia de Caracas. Monteverde corrió a refugiarse en Puerto cabello” (Mijares, A. 1967: 246)

En el Oriente del país, Santiago Mariño había penetrado desde Trinidad expulsando a los realistas de las provincias orientales y Margarita con un ejército similar al de Bolívar que lo acompañaba sembrando la libertad a su marcha. De esta forma, con la llegada del Libertador a Caracas se restablecía la República. El 14 de octubre de 1813 el Cabildo de Caracas le otorgó el solemne título de Libertador y lo nombró Capitán General del Ejercito Republicano.
Bolívar aceptó ambas distinciones, al tiempo que creó la “Orden de los Libertadores” para condecorar a los militares neogranadinos y venezolanos que libertaron a Venezuela en aquella hora (Pérez Tenreiro, T. 1972: 15). A Santiago Mariño le impuso el título de Libertador de Oriente y sus oficiales y tropas igualmente fueron condecorados. De esta forma Simón Bolívar se perfilaba como jefe único del ejército patriota.

Se había logrado una libertad efímera que se desvaneció como agua entre los dedos. El movimiento emancipador aún no contaba con el apoyo de las masas populares, los pardos, mulatos y esclavos todavía veían en los blancos criollos a sus explotadores de siempre. En los llanos un caudillo había entendido aquella contradicción y sumaba gente a  su ejército con la promesa de saqueo y muerte a los blancos mantuanos. Boves, el temible asturiano, como un huracán acababa las fuerzas patriotas, pero cual huracán desapareció en medio de la tormenta de 1814, cuando cayó herido de muerte en la Batalla de Úrica. Aquel caudillo que tanto había ofrecido a los pobres y desventurados llaneros sería desplazado del amor de esta gente por el joven José Antonio Páez, el catire que con sus lanceros daría tantas glorias a la Patria. Sin embargo, se había perdido otra vez la República.

Después de  la derrota del  ejército libertador  en  1814, don Miguel de Zárraga y Caro junto con su esposa doña Manuela Jerez Aristeguieta y sus pequeños hijos se embarcaron en  el  Puerto  de  La  Guaira con destino a Cumaná. En la ciudad del Río Neverí los esperaba Ramón, su hijo mayor, joven oficial veterano y de algunos servicios en campaña a la edad de catorce años, que se reunió con su familia, por consecuencia de la disolución de las tropas al mando del Libertador.  En virtud del avance realista decidieron  viajar a la Isla de Margarita donde otras familias se refugiaban del “puñal de los realistas”; entre ellas, la de Carlos Soublette hijo de doña  Teresa  de  Jesús  Jerez  Aristeguieta  y  Blanco y en efecto sobrino de doña Manuela.  (Zárraga, C.1883)

El General español Pablo Morillo arribó  a  la  Isla  de Margarita  en  1815 con su “formidable escuadra y ejercito pacificador”, sorprendiendo a una gran parte de la emigración de Caracas. Las  mujeres y los niños Zárraga  y  Soublette  fueron  conducidos  de  nuevo  a  La Guaira en embarcaciones realistas. Quedaban atrás Miguel de Zárraga y Caro, su hijo mayor Ramón Zárraga y  Carlos Soublette,  los cuales junto a otros patriotas lograron evadir  las  fuerzas  navales  enemigas  y  escapar  a  la colonia danesa de  San Thomas. (Zárraga, C. 1883)

La familia Zárraga Aristeguieta, compuesta por doña Manuela y los niños: Miguel, Clemente, José Antonio y Manuel María y la Soublette, integrada  por doña Olalla, su joven hermano Lope y su hija Dolores muy pequeña todavía, fueron conducidos junto con otras mujeres y niños a La Guaira en embarcaciones oficiales con la vigilancia de jefes peninsulares. Uno de los niños Zárraga Aristeguieta, Clemente, recordaría para siempre como el coronel de húsares de Fernando VII, don Juan Solo, jefe principal de la guardia, los trató con lujo de consideraciones.

Doña  Manuela Aristeguieta de Zárraga había crecido en el  seno de una  familia del mantuanaje más rancio de la ciudad de los techos rojos. Sus padres, Don Miguel Jerez Aristeguieta y Doña Josefa María Blanco y Herrera, poseían una inmensa fortuna que les permitió ofrecer a su prole una esmerada educación. Las muchachas Aristeguieta eran conocidas entre los caraqueños como las “Nueve  Musas”, admiradas no solo por su belleza sin igual sino por su actitud frente a la vida, mujeres que reclamaban“sus derechos a administrar sus bienes, a  amar y ser  amadas,   más  allá  de  los convencionalismos,  en  un  contexto  social  en  que  las mujeres  iban al matrimonio más por razones de orden económico-social  que  sentimentales."  (Ladera,  E.  1990:266)

De las nueve hermanas, Rosa María de Jesús, María Teresa de Jesús, María Belén, Josefa María, María Antonia Petronila y  María  Manuela  abrazaron la  causa  independentista (Ladera,  E.  1990),  por lo que tuvieron  que ver morir a  sus  hijos  todavía en el amanecer de sus vidas y vivir con la angustia de la persecución y la pobreza,  pero la consecuencia para la posteridad fue el reconocimiento como honorables esposas y madres de los gallardos héroes de la Patria.
Una vez llegaron a Caracas escoltados por los realistas,   doña  Manuela  Jerez Aristeguieta y Blanco de Zárraga se  residenció en una humilde casa de bahareque de su propiedad cercana a la quebrada de Lazarinos, donde vivía con mucha modestia en unión de sus pequeños hijos.  (Zárraga,  C.  1883)  Según Sucre,  L. (1941) en aquella casita doña Manuela junto a doña Josefa Antonio de Buroz trabajaban clandestinamente en favor de la revolución.

A finales de 1815, el general Morillo “el Pacificador” nombró Gobernador y Capitán General de Venezuela al Mariscal de Campo don Salvador de Moxó. El nuevo Gobernador resultó ser todo una calamidad para el pueblo de Caracas y los afectos al régimen republicano, su odio a los patriotas no tuvo parangón.  En febrero del año 1816, pasó una circular a los Gobernadores de las Provincias para participarles que Madariaga, Roscio, Ayala y Paz Castillo, que habían sido remitidos a España por Monteverde en 1812 se hallaban en San Thomas, y como individuos perniciosos a la paz pública era necesario estar previstos de su conducta.

Moxó vivía paranoico temiendo una invasión por Margarita, costa de Cumaná o Píritu; el Gobernador de Coro la esperaba por Paraguaná; el Comandante Militar de Puerto Cabello había visto velas enemigas por el puerto coriano de Los Tanques; Morillo creía  que el puerto atacado sería Guayana o alguno a barlovento de Cartagena; el Gobernador de Maracaibo se preparaba a rechazarla por la Guajira.
 los primeros días de mayo de 1816 los buques republicanos desplegaron un sangriento combate en contra del bergantín “Intrépido” del Teniente Iglesia, y la goleta “La Rita” del Alférez Ocampo, los que fueron abordados por los patriotas. Con esta victoria Brión obtuvo el título de Almirante de la República. (López Contreras, E. 1971:90) El Mariscal Moxó protestó los hechos ante el Presidente Petión, solicitando le fueran entregadas las personas de Bolívar, Bermúdez, Aury, Marimon y Piñerez,“cabezas principales de los perversos refugiados en Los Cayos-”

Sin embargo, la suerte estaba echada para Venezuela. El triunfo de la Republica era inminente. En junio de 1816, Bolívar zarpó definitivamente de Carúpano llevando a bordo 112 oficiales y 700 individuos de tropa, y desembarcó en  Ocumare de la Costa el 1° de julio del citado año. En el acto, hizo avanzar de Ocumare sobre los Valles de Aragua a 300 hombres bajo el mando del Teniente Coronel Carlos Soublette, su Mayor General, quien llegó hasta La Cabrera, dispersando a medio escuadrón del “Húsares de Fernando VII”. (Moxo, Salvador. 1971:410)

La aproximación de Morales con su vanguardia y 500 infantes de “Hostalrich” despachado por Moxó desde Caracas, ocasionó que Soublette tomare el camino de Las Piedras, en dirección de Ocumare. Donde le alcanzaron los primeros elementos de Morales, con quienes sostuvo una escaramuza, continuando su repliegue a las alturas de Los Aguacates, donde se resguardó sólidamente. (Moxo, Salvador. 1971:411)

Estos hechos saludables para la Independencia llenaron de ira al Capitán General de Caracas, el español Don Salvador Moxó,  quien no  encontró mejor medida de terror,  escarmiento y venganza contra los patriotas que allanar y registrar  las  casas de doña Manuela y la doña Josefa Antonia Tovar de Buroz, tía y suegra respectivamente del coronel Carlos Soublette,  las cuales  después  de  una  larga  procesión  a  pie  fueron encerradas en la cárcel pública.
Según la versión de Clemente Zárraga, que para la fecha tendría unos 7 años de edad, sin ningún motivo fueron sorprendidas sus casas donde no hallaron nada comprometedor, así reseña que:

"los esbirros del General Moxó hicieron colocar entre filas de una numerosa escolta a la modesta y cuitada señora doña Manuela de Zárraga (serían las 2 p.m. de uno de los días de la segunda quincena del mes de julio de 1816 que se cometió este atroz e incalificable abuso de autoridad) En semejante situación condujeron la victima a la cárcel pública (…) la procesión infamante fue de veinte cuadras más o menos; la afligida señora doña Manuela encontró ya a su llegada al calabozo que le destinaban, a su noble y respetada compañera de infortunio señora doña Josefa Antonia Tovar de Buroz."

Este cruel  acto fue una de las tantas escenas terrible de la guerra de Independencia. Era común en esos días para las blancas criollas estos tipos de martirio. Troconis de V.,  E.  (1990)  refiere el terrorismo con que el jefe Moxó trataba a las mujeres patriotas y las menciona como mártires de la guerra de emancipación. (p.138) Para Rojas,  A. (1999),  este hecho fue  una de  las más oscuras siluetas de la  guerra a muerte, las patricias vapuleadas, grupo de heroínas venezolanas que figuraron en aquella época terrible dejando muestra de constancia y fe inquebrantable en la lucha, de corazón, alma y cuerpo soportaron los más trágicos sufrimientos. El  mismo  Moxó  tenía  igualmente destinadas  a  recibir   azotes  en las  calles  de  Caracas  a  dos matronas  célebres:  
"doña  Josefa Antonia  Tovar  de  Buroz  y  doña Manuela   Aresteiguieta (sic)    de Zárraga. Era una madre de aquellos paladines de la revolución Lorenzo Venancio y Pedro Buroz,  víctimas ilustres  de  la  guerra  a muerte; era   la   otra,   madre   de   los Generales  Zárraga,   uno  de  los cuales había comenzado su carrera desde 1814. A los esfuerzos de un noble español, entroncado con esta última   familia,   don   Francisco Heredia,  Oídor de la Audiencia y factor, por lo tanto, del gobierno español, debióse el que no fueran azotadas aquellas nobles señoras, a las cuales encerró Moxó en una de las bóvedas de La Guaira, para enseguida expatriadas." (p.163)

 La defensa del Regente Heredia fue fundamental para el buen destino de estas dos mujeres y sus familias. De acuerdo con Andrés Bello, Francisco Heredia era un funcionario realista liberal que estaba convencido de los planteamientos expuestos en la Constitución de 1813 redactada por la Cortes de Cádiz, eso explica su actitud frente a la barbarie, a “la furia de una soldadesca brutal que hollaba escandalosamente las leyes y pactos” , y su inquietud “por infundir á los americanos las esperanzas que él sin duda tenía, de que la nueva constitución española pusiese fin á un estado de cosas tan horroroso.” (Citado por Piñeyro, E. 1971: 521)

Como corolario de estas circunstancias la familia Zárraga Jerez Aristeguieta emigraba otra vez,  ahora para el extranjero, hacia la Isla de San Thomas, tenía para  aquella  fecha  el  pequeño  Clemente entre  los  siete  u  ocho  años  de  edad.  Según el panorama que nos muestra un oficial del primer Regimiento de lanceros venezolanos en la Legión Británica de Bolívar, la Isla de San Thomas pertenecía a un grupo de Islas denominadas colectivamente la “Virgen Gorda”, gracias a la posición neutral que mantuvieron los daneses con respecto a los movimientos de emancipación del Imperio español, numerosas familias criollas que habían huido de Caracas y otros lugares del continente ante la llegada del general realista  Pablo Morillo, jefe de la expedición que zarpo de Cádiz en 1815, buscaron amparo bajo aquel pabellón. (Vawel, R. 1973: 1)

Empero, la situación de San Thomas no era nada halagüeña ya que dependía de Puerto  Rico en cuanto a la provisión de alimentos en tiempos de sequía y hambre. Según Vawel, R. (1973:2) el gobierno español podía “oponerse a la exportación de géneros indispensables (…) prohibiendo toda clase de comercio entre Santo Tomás y el continente de la América meridional (…) de sospechar que las islas danesas favoreciesen o apoyasen a los revolucionarios.”  

En dicha Isla, doña Manuela y los niños se encontrarían de nuevo con el padre don Miguel de Zárraga y Caro. Era todavía 1816, y su hijo Miguel, el segundo de la prole, quien trabajaba como zapatero y talabartero en San Thomas para ayudar a mantener a su familia, había cumplido 14 años. Edad propicia para presentarse al Ejercito y por eso regresa a Venezuela para sentar plaza como soldado raso a las órdenes del general Santiago Mariño, a quien acompañó hasta 1818 cuando fue herido de gravedad en el asalto y toma de Cariaco, por lo que fue trasladado a Guayana para su recuperación. (Scarpetta, M. L.  y Vergara, S. 1978: 720) Irónicamente, entraba un Zárraga al ejercito mientras que, Ramón moría en el campo de batalla en el paso del río El Sombrero, el 16 de febrero de 1818.

En uno de esos días durante el destierro, el Rey Fernando VII  promulgó  un  indulto  a  favor  de  los patriotas  errantes  en  las  Antillas,  don  Miguel  de Zárraga y Caro fue llamado por su primo y amigo el Doctor Francisco Javier Caro, Ministro de Estado en el ramo de las Indias para ofrecerle un distinguido puesto en el renglón de Hacienda en Cuba, oferta que rechazó el noble  patriota que se encontraba refugiado en la isla de San Thomas  esperando  más  bien marchar  a  Guayana  a  reunirse  con  sus  compañeros insurgentes  para  contribuir  a  la  realización  de  la independencia de América.  (Zárraga, C. 1883. p. 318)

Allá en Guayana lo esperaba su hijo Miguel que se restablecía de una herida de guerra, quien una vez sano se incorpora a la Campaña de Apure dirigida por Simón Bolívar, y en 1819 en la Campaña de Nueva Granada. A Miguel Zárraga Aristeguieta su comportamiento en batalla le hizo merecedor del grado de oficial de la segunda compañía del batallón Granaderos de la Guardia, grado con el que regresó a Venezuela en 1820, para después ser condecorado como unos de los vencedores de la batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821. (Scarpetta, M. L.  y Vergara, S. 1978: 720)
Cinco largos años duraría el exilio. En medio de la angustia por la espera llegarían las noticias de la muerte de Ramón y de la herida de Miguel en 1818, de la reunión del Congreso en Angostura en 1819 que a proposición del Libertador decretarían la creación de Colombia. El triunfo de Carabobo abrió las puertas de la bella Caracas, ahora vestida de escombros y luto, a todos los patriotas expulsados por fuerza de la guerra.

En 1821 retornaba a su hogar la familia Zárraga Jerez Aristeguieta. En esa fecha don Miguel de Zárraga y Caro sería postulado como representante para el Congreso de  Cúcuta  que  redactó  la Constitución de  la República  de  Colombia. (Blanco, J.  y Azpurua. R.  1978. Doc.1793. p. 587) Un  año  más  tarde el  joven Clemente, el tercero de los hijos, abrazaría la causa republicana tomando parte del sitio  y asalto de  Puerto Cabello.  Ese mismo año moriría el padre,  con el  grado de General,   después  de  haber   sido  nombrado  por   el Libertador,   Presidente   de   la   República,   Ministro Ordenador y Contador de la Tesorería General de Venezuela y de haber entregado  su vida a la causa  republicana. (Zárraga, C. 1883. p. 313).

En enero de  1822,  el  joven Clemente  Zárraga  con apenas 14 años de edad sentó plaza como aspirante del ejército  patriota, bajo  las  órdenes  del  General  José Antonio Páez estuvo presente en todos  los  sitios  de  Puerto Cabello,  formando  parte  de  la  segunda  compañía  del batallón “Granaderos de la Guardia"  cuyo capitán era su hermano Miguel Zárraga. (Dávila, V. 1926 p.413)

La abrumadora victoria del ejército patriota en la Batalla de Carabobo   sellaba   la   independencia   de Venezuela. No obstante, restos de resistencia permanecían en  el  Castillo  de  Puerto  Cabello  y  en Maracaibo.  La Patria crecía en la cabeza del Libertador, Venezuela era sólo  un  eslabón  de  la  cadena  americana,  ahora  la libertad provocaba el parto  de la unión Gran Colombiana las  otrora  Capitanía  y  Virreinato  daban  luz  a  la República  de  Colombia.  En  esta  hora, Bolívar designó a Páez para encargarse del mando militar de las provincias de Caracas, Carabobo, Barquisimeto, Barinas y Apure cuando el Libertador siguiera su marcha a la Nueva Granada en 1821.

El Congreso  General de  Colombia sancionó la Constitución de la República en la Villa del Rosario de Cúcuta el 30 de agosto de 1821 después de tres meses de arduo trabajo (Blanco, J. F. y Azpúrua, R. 1978. T. VII. Doc. 1795. P.  590). Para guiar los rumbos de la nueva Republica, Simón Bolívar fue designado Presidente, mientras   que Santander   vicepresidente  a  fines  de septiembre  por  tan importante  órgano  legislativo. (Blanco, J. F. y Azpúrua, R. 1978. T. VIII. Doc. 1901.p.122) Colombia la grande se organizó en siete departamentos,  a saber:  Venezuela,  Zulia,  Cundinamarca, Boyacá, Orinoco, Cauca y Magdalena, fijando como capital de la República la ciudad de Bogotá,  de acuerdo a Ley sancionada el  8 de Octubre por el  Congreso  (Blanco, J. F. y Azpúrua, R. 1978. T. VIII. Doc. l907.p.134)

Los  vestigios  de  resistencia  realista  todavía  acantonadas en Puerto Cabello, sintieron el estruendo del fuego enemigo en abril de 1822 cuando el General Páez inició el sitio; acción que fue suspendida por unos días “a causa de  las  fiebres  que  diezmaban  las  tropas." (Michelena, T. 1973:41) La superioridad marítima de los españoles les permitió mantenerse en el país hasta 1823, ya que por medio del Lago de Maracaibo y de Puerto Cabello todavía podían penetrar en el territorio independiente y amenazar la seguridad de Colombia. (Lecuna  citado  por  Michelena,  T. 1973)

Los  españoles  acaudillados  por  el  jefe realista La Torre,  quienes habían logrado huir de Puerto Cabello, menguaban el triunfo patriota con la reconquista de las plazas de Coro y Maracaibo. Los esfuerzos republicanos parecían estériles, empero, en los albores  del  año  23,  el General  Mariano Montilla movilizó a una parte del ejército declarando el bloqueo a Maracaibo y a la zona costera comprendida desde el Cabo de San Román hasta Chivacoa. Mientras que en  el  mar la  escuadra  colombiana, comandada por el General José Padilla,  le cerraba el paso a los realistas. El desenlace final tuvo lugar el 24 de julio de 1823 con la tremenda jornada de la Batalla Naval de Lago de Maracaibo que puso fin a la dominación española,  solo faltaba barrer los  restos  de oposición  en  Puerto   Cabello.  (Roméro-­Luengo, A. 1988).

Romero-Luengo, A.  (1988),  señala  que  “la  libertad  de Maracaibo dio nuevo impulso a Páez para concentrar  sus fuerzas” (p.252).  El 10 de noviembre   amanecía llena de gloria Colombia,  cuando Páez ocupó la plaza de Puerto Cabello obteniendo así el exterminio enemigo en Venezuela y  la  consolidación  de  la  independencia  colombiana, después de tormentosos días de sitio, combate y envestida de los realistas  que intentaban recuperarse con la ayuda que recibían de Cuba y Puerto Rico.

Páez,  en  su Autobiografía dice que tuvo que ausentarse por un día de Puerto Cabello para ir a Valencia a buscar bastimentos de boca. Según el relato de Boussingault,  J.B.(1977),  en el sitio de Puerto Cabello de 1823 reinaba la miseria tanto en las tropas realistas como en las patriotas,  salvo que las últimas estaban  abastecidas  de  armas.  El viajero europeo describe  con detalle el estado de la brigada irlandesa basándose en una revista que tuvo oportunidad de observar.
"¡Qué de andrajosos!  Hombres bien formados,   casi   desnudos,   sin camisa  ni   chaquetas,   con   los pantalones  hechos  jirones  y  con sus  chacós  recortados  en  viejos sombreros de paja; pero las armas estaban en buen estado y después de todo,  la salud no dejaba que desear. Eran soldados  robustos porque gozaban de buena alimentación  compuesta decarne, queso, azúcar, plátanos y maíz." (p.20)

Los hermanos Miguel y Clemente Zárraga se encontraban en la plaza de Puerto Cabello la noche del 7 de noviembre  de  1823, en  aquel momento que el  General  Páez dirigió el asalto siguiendo  la estrategia  de   atravesar   la   ensenada   del   manglar aprovechando la oscuridad de la noche, poco a poco, de uno en uno, todo un cuerpo de tropas y de esta forma penetrar en la plaza por  el  lugar  más  imprevisto,  mientras  el  resto  del batallón  rompía  el  fuego  frontalmente  aparentando  la envestida.  La  sorpresa  causó  estrago  en  las  fuerzas afectas  al  Rey,   no  teniendo  otra  salida  que  la capitulación.  (Autobiografía  del  General  José  Antonio Páez. T. I. p.213).

Según el testimonio del General Valerio Barriga oficial del  batallón  “Granaderos  de  la  Guardia",  sobre  los saqueos que se produjeron con autorización oficial una vez fue ocupada dicha ciudad, por lo cual se declaraba a los que tomasen la plaza,  dueños de lo que hubiese en ella.  Miguel y Clemente  Zárraga, estaban  entre  quienes  no  tomaron    partido  de  esa resolución,  más bien “estaban conmigo,   — según narración del testigo en cuestión — tratamos de disminuir en cuanto nos  fue  posible  los  excesos  que  en  tan  tristes circunstancias suelen tener lugar."  (Dávila,  V.  1926. p. 414)

Las consecuencias de estas acciones en Valencia también sorprendieron a Boussingault, J.B, (1977) en su tránsito por la ciudad. En la casa donde se hospedó propiedad de una señora anciana de finos modales,  la dama excusaba  su miseria diciendo: “Caballeros,  esta es mi casa, nada puedo ofrecerles; ni siquiera una silla o un pedazo de pan,  los patriotas me han dejado totalmente arruinada." (p.22)

En definitiva, se había logrado la independencia de Venezuela, hoja llena de gloria, dolor y vergüenza para el pueblo venezolano. Mientras  las  circunstancias  políticas obligaban consolidar la República de Colombia, Venezuela todavía seguía "herida en el  corazón".

La situación se tornaba difícil para la naciente República,  en  Venezuela  desde  1821  fecha  en  que  fue sancionada la Constitución en la Villa del Rosario de Cúcuta comenzó a generarse bandos opositores al sistema central que había adoptado la República de Colombia, hecho que alcanzó  su  efervescencia máxima cuando  Francisco  de  Paula Santander  en ausencia del Libertador asumió su Presidencia. Simón Bolívar continuó la lucha contra el poder español en Quito y Perú sin mirar atrás donde sus compatriotas mas facciosos que nunca levantaban sus voces separatistas. Romero-Luengo, A. (1988) enumera varios errores que complicaron la situación de crisis política y administrativa de la joven Colombia.

"La   decisión   de   trasladar   la capital  a Bogotá,  de  dividir  la República en siete Departamentos, de  eliminar  las  Vicepresidencias que la ley fundamental contemplaba,  para  nombrar  en  su lugar  Intendentes  como  órganos inmediatos del gobierno central, a quienes quedaban subordinados los Gobernadores  de  provincias,   en tanto que a éstos lo estaban los jefes   políticos   de   cantones, mientras que en lo militar,  cada Departamento  era  mandado  por  un Comandante,  fue  causa  de  serios inconvenientes en lo administrativo y en  lo político." (p.291)


En virtud de la situación de guerra que aún  se vivía en Venezuela, el Congreso colombiano consideró necesario nombrar un Jefe Superior con autoridad militar y civil en los recién conformados departamentos de Orinoco, Zulia y Venezuela, cargo para el que fue seleccionado al General Carlos Soublette. Esta  decisión  no  tardó  en  generar  situaciones embarazosas,  ya  que  no  desaparecía  la  autoridad  de  los Intendentes  y Comandantes designados por  fuerza de  la Carta  Magna; por esta causa ocurrieron muchas divergencias entre Páez y Soublette a propósito del sitio de Puerto Cabello. En abril de  1822, el General Páez puso sitio a Puerto Cabello, no obstante retiró  sus  tropas  a Valencia y sus cercanías, ya que las condiciones de salud se  lo  imponían,  sus  soldados  quedaron  reducidos  a  la mitad debido a las fiebres y “calenturas”,  Blanco, J.  y Azpurua. R.  (1978) comentan que:
"Ingrata    impresión    causó    a Soublette la noticia que Páez le dio en oficio de 18 de julio de haber  suspendido  el   sitio  de Puerto Cabello  en  la ocasión de venir Morales sobre esta plaza con refuerzos que podía abrir operaciones sobre Valencia para intentar  invadir  el  centro  de Venezuela;  y así lo hizo el Jefe realista cuando vió que el campo estaba  franco  por  la  suspensión del sitio y el retiro á Valencia de  las  tropas  republicanas " (T.VIII Doc.2094.p.509)

Las   diferencias   en   este   caso   originaron   el distanciamiento  entre  ambos  generales  que  sentían  la supremacía  e  independencia  cada uno de  su  autoridad.  Según Blanco, J.  y Azpurua. R.  (1978), la designación  de un Jefe sobre Páez fue un verdadero error porque era por demás conocido que el “Centauro del llano" sólo obedecía al mando directo del Libertador. Estas contradicciones no carcomieron en lo inmediato la estabilidad de  la República,  otra  sería  la plaga  que infestaría la felicidad alcanzada, en Caracas enardecían los sentimientos de discordia en contra del sistema central, muy a pesar de las celebraciones del 1 y el 2 de enero de 1822 a favor de la Constitución, la Municipalidad juraba cumplir sus dictámenes como quedó sentado en el acta del 3 de enero,  pero al tiempo la dialéctica de sus intereses de clases era contraria a la Magna Carta.

Las  críticas  no  tenían  base  sólida,   algunos argumentaban que Venezuela no tuvo una buena representación en la Constituyente de Cúcuta,  otros condenaban la forma veloz  como se realizaron las elecciones; lo cierto del asunto, tal como lo señala el sacerdote José Félix Blanco, es que a pesar de  la  situación  de  guerra  y  de  la  permanencia  de españoles y realistas en territorio liberado, la Provincia de Caracas tuvo una representación apta y a la altura de la  enorme  demanda.  En  definitiva  siete  fueron  los Diputados escogidos, cinco de los cuales eran caraqueños de nacimiento,  entre ellos,  Pedro Gual,  José Prudencio Lanz,  Francisco  Conde,  Cerbelión Urbina  y  José  Felix Blanco; los dos restantes vecinos casados en dicha ciudad son Diego Bautista Urbaneja y Miguel de Zarraga  y Caro.

Lejos  se  encontraba  Bolívar  de  aplaudir  esta conducta,  el Libertador ocupado con el ejército en la Campaña  del  Sur manifestó  en muchas  oportunidades  su negativa a modificar la Constitución por lo menos en los primeros diez años. La   prensa   había   crecido,   varios   periódicos, circulaban por todo el país,  algunos en defensa de la Constitución colombiana,  otros  en su contra.   En una carta que Urdaneta dirigió a Santander,  expresaba que: 
“El Venezolano nos ha dejado aquí muy calientes porque ya eso es  chocar  a  las  claras,  y  sin  razón  que  es  lo  que incomoda.  El  tal  Carabaño  podía  haberse  quedado  en España. Yo no sé si la opinión del Venezolano será la de Venezuela.  Supongo  que  será  cuando más  la  de  algunos caraqueños,  porque a ser de todos era preciso ya contenerlos." (Romero Luengo, A.1983.p.303).

Ocurría entonces que aquellos emigrados en el pasado amigos  del  Rey  querían  en  el  presente  organizar  la República a su imagen y semejanza. La prensa era  un  foco  de  rebelión,  sus  editores  y  redactores, aprovechaban  la  tribuna  para  fomentar  la  intriga,  la discordia y la insatisfacción.  Gente  como Carabaño, Tomas  Lander, Antonio Leocadio Guzmán, Martín Tovar, Francisco Ribas, cuya participación en la  gesta emancipadora había sido tímida o nula, ahora, pretendían dibujar una  República  que  los  favoreciera y  sin  más deshacerse del ideal bolivariano.  Vallenilla L, L. (1983), los llama “godos"

los  realistas, militares y civiles, y  sus  descendientes inmediatos, quienes unidos a los patriotas  adversarios del Libertador y contrarios a la unión colombiana, constituyeron aquel partido  poderoso que desde  1822 se apoderó  de  la prensa y de los Ayuntamientos, convirtiéndolos, como en  el antiguo régimen, en interpretes y defensores de sus intereses y de sus pasiones, comenzando por protestar contra la Constitución del  Rosario  de Cúcuta. (p.21)

Aquellos era días difíciles no solos por la turbulencia política, sino por los aires de pobreza que se respiraban en Caracas, abatida por la tierra y la sangre derramada, muchas de las familias vivían la nostalgia y la tristeza por los seres queridos: esposos, hijos, familiares y amigos fueron arrancados de sus hogares que ahora mutilados se recuperaban a duras penas. De acuerdo con Quintero, I. (2003)“Nada era como antes. La ciudad se había convertido en un horror (…) mujeres solas, sin protección, sin nadie que velase por ellas: la guerra se había encargado de eliminar a sus maridos y a sus hijos varones.”(p. 57) No eran pocas las mujeres mantuanas de exquisita educación que pasaban hambre en aquella Caracas republicana.

La familia Zárraga Jerez Aristeguieta fue bamboleada por la vorágine de la guerra, mientras Miguel y Clemente Zárraga se llenaban de gloria,  su madre   Doña Manuela Aristeguieta de Zárraga ya viuda, vivía en 1825 muy pobre en Caracas según lo expresaba ella misma en carta que le escribiera al Libertador en fecha 25 de mayo de 1826. En la carta Doña Manuela decía a Bolívar que le había escrito varias veces sin conseguir respuesta,  y que aprovechaba  la intermediación de  su  sobrino  político, Diego Bautista Urbaneja, para lograr la atención del Libertador, al cual tutea y trata de “Simón afectísimo primo”. Doña Manuela reiteraba sus necesidades,  al reclamar que:
"aunque no se han declarado viudedades, hay  viudas de menos méritos y sacrificios que   yo y el desgraciado  Zárraga,  como  tu  eres testigo, y están con pensiones desde que entró nuestra República,  y por más que he representado y suplicado al  Gobierno, no  se  me ha consedido (sic)  nada,  pero reconozco que esto me ha sucedido nada más por no estar tu en él sino en las campañas, y así espero no te sea indiferente,  mi  triste  situación, que deseándote la mejor salud y que sigan tus felicidades para conservar a Colombia. "(Aristeguieta de Zárraga, M. 1826.p.375)

En verdad la situación era triste para la menor de las “Nueve Musas”, que vivió la persecución y el exilio en carne propia, privada de tantas cosas, la República le entregaba el grado de General  a su esposo que poco lo disfrutaría, y los haberes militares de su hijo mayor, cuatro meses de sueldo, que el gobierno de Bogota le cancelaría el 15 de octubre de 1822, y que la necesidad la obligó a cobrar. Sin embargo, en sus palabras todavía permanece un firme patriotismo, así le desea a su primo Libertador“la mejor salud y que sigan tus felicidades para conservar a Colombia”.

Estas eran las circunstancias por las que pasaban muchas mujeres desde la constitución de la Republica de Colombia, circunstancia conocida por su hijo,  el  capitán del Batallón Granaderos, Miguel Zárraga, que había pedido en julio de 1822 se le descontara de su sueldo 25 pesos  para que mensualmente la Tesorería Nacional se lo pagara a su madre Doña Manuela Aristeguieta de Zárraga. (Archivo del General Carlos Soublette. Copiadores de oficios. 1822. N.267. Doc.217.fol 77 Vto.)

El sueño bolivariano de integración representado en la República de Colombia se convirtió en un verdadero abanico de  tormentas. La  Constituyente  de   1821 estaba integrada por facciones cuyos ideales eran opuestos; los seguidores de Simón Bolívar defendían el centralismo, los bogotanos santanderistas y los  caraqueños,  aunque con diferente matiz, la federación. Con muchos tropiezos se prestó juramento a la Constitución de 1821. En Venezuela, entre los años 1824 - 1828, se llevaron a cabo diferentes manifestaciones en protesta de la unión Gran Colombiana y abiertamente separatistas en los cuatro puntos  cardinales  del  país  que  desembocarían en  la Convención de Ocaña y en la inevitable desintegración de Colombia.

Durante este tiempo, Clemente Zárraga, permaneció en las filas del ejército colombiano prestando servicio en Quito como jefe del batallón Carabobo de la Guardia del Libertador.  En  esas  comarcas  la  atmósfera  era igualmente de rebelión  contra  la  integración  colombiana,  Clemente Zárraga, fiel al mando del Libertador, desenvainó la espada en varias de las campañas realizadas para enfrentar los movimientos de subversión en  el  Sur  de  Colombia,  es  decir,  que  por  todos  los flancos no era más que un rompecabezas donde las partes encajaban por  las  fuerzas  de  las  circunstancias  y en cualquier momento se despedazaría. A  propósito  de  sus  acciones,  en  este  período, el poeta Cecilio Acosta narra majestuosamente que:
"salvó al partido boliviano de la infidencia de un jefe traidor  se unió a las huestes que debían obrar contra La Mar,  hizo parte del estado mayor de Bolívar,  tuvo mando en los cuerpos que hacían su guardia de honor,  y mereció del  grande hombre,  cuyo culto conservó siempre y al que fue leal hasta el martirio,  consideraciones,  estimo,  agasajos y casi paternal cariño" (Acosta,  C. (1961:123)

Según su Hoja de servicio, después del sitio de Puerto Cabello fue  meritoriamente  ascendido  al   grado  de Subteniente de Artillería en 1824, con el cual pasó a Cartagena a disposición  del  general Judas Tadeo Piñango a quien contribuyo a rescatar en Valencia. En Nueva Granada,  prestó  servicio  con  los  generales Carlos Soublette y Mariano Montilla,  destacándose como edecán del  segundo.  Al  tiempo  que  se  incorporó  al  ejército auxiliar que se estaba organizando en Bogotá para la campaña del Perú. (Diccionario de Multimedia de Historia de Venezuela la Fundación Polar. Personajes.)

En  cuanto  a  los  grados  militares  en  1827  fue teniente y en 1828 Capitán graduado. El 21 de junio de 1829 fue ascendido a Capitán efectivo, después de haber perseguido al Mariscal José de La Mar y Cortazar acusado de traición, quien se embarcó el 9 de junio de 1829 en la Goleta Mercedes  con  rumbo  a  Costa  Rica,  después de haber sido designado presidente del  Perú por nombramiento que  le confiriera  el  Congreso  limeño  en  1827,  luego  que  el Libertador rechazara la presidencia vitalicia. Un año más tarde el 1 de diciembre de 1830 Zárraga fue primer comandante, prestando servicio activo hasta 1831. Dávila,V. (1926).

Sus  hazañas  en  la  guerra  de  independencia  le merecieron la “Orden de los Libertadores" y las medallas de Puerto Cabello y la de “Honor del Libertador", creada por Simón Bolívar  en el Perú el año de 1825. Señala Pérez Tenreiro, T. (1974) que la Medalla del Perú con el busto del Libertador fue el“más ambicionado y popular de los premios militares concedidos en nuestra guerra de Independencia, por lo menos en Venezuela (…) los retratos (…) de Jefes de aquella época, la lucen pendiente al cuello de una larga y ancha cinta". (p. 710)

Para  comprender  la  dialéctica  de  la  guerra  de emancipación consideramos importante la revisión de las hojas de vida,  biografías,  intimidades,  es  decir,  los detalles de la cotidianidad, de los soldados y oficiales tanto  patriotas  como  realistas;  es  urgente,  una  re­lectura de este vital  suceso que dio  la condición de Nación libre y soberana a Venezuela. Cabe decir, en el caso de la familia Zárraga Jerez Aristeguieta  que  la  guerra  trascendió  sus  intereses políticos y económicos, su participación va más allá, es un compromiso ineludible con la Patria que los vio nacer, todos desde padre, madre, hijos,  se entregaron a la gesta con responsabilidad y no como un sacrificio.  Desde  su  estatus  de  blancos criollos descienden para dedicarse a cualquier oficio manual con tal de sostener la causa republicana,  aquellas personas acostumbrada a  comodidades y placeres  construyeron  sus destinos al paso que aceleraban el parto de la República.

ALGUNAS FUENTES CONSULTADAS:
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2.      Aristeguieta de Zárraga, M. (Carta al Exmo. Señor Presidente de Colombia. Caracas, 25 de Mayo de 1826 en Boletín de la Academia Nacional de la de Historia. N° 62. (1933) . Caracas, Tipografía Americana. p. 375.
3.      Autobiografía del  General  José Antonio  Páez. (1973). Caracas, Academia Nacional de la Historia.
4.      Bello, A. (1981) Obras Completas. Temas de Historia y Geografía. Tomo XXIII. Caracas, Casa de Bello.
5.      Blanco, J. F. y Azpurua, R. (1978) Documentos para la Historia de la vida pública del Libertador. Tomos VI, VII y VIII. Caracas, Ediciones de la Presidencia de la República. (Primera Edición 1876)
6.      Boussingalt, J. B. (1974) Memorias. Caracas, Ediciones Centauro.
7.      Burgo,   N. (Comp) (1992) Archivo   del   General   Carlos Soublette. Tomo II. Caracas, Academia Nacional de la Historia.
8.      Dávila, V. (1926). Diccionario Biográfico de Ilustres Próceres de la Independencia Americana. Tomo II. Caracas, Tip. Americana.
9.      Memoria Militar sobre los acontecimientos de la Isla de Margarita una de las Provincias de Venezuela que el Capitán General de ellas y Presidente de su Real Audiencia Mariscal de Campo Don Salvador de Moxó presentó al Exmo. Sr. Secretario de Estado y del Despacho Universal de la Guerra. En Instituto de Antropología e Historia. Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela.(1971) Anuario. Tomos IV-V-VI, años 1967-68-69. Volumen I. Caracas, Imprenta Universitaria. 
10.    Ladera de Diez, E. (1990) Contribución al Estudio de la “Aristocracia Territorial en  Venezuela”. La  Familia Xérez de Aristeguieta Siglo XVIII. Caracas, Academia nacional de la Historia.
11.    López Contreras, E. (1971) Bolívar conductor de tropas. Caracas, Ministerio de la Defenasa.
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16.    Parra-Pérez, C. (1992) Historia de la Primera República. Caracas, Biblioteca Ayacucho.
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19.     Polanco Alcantara, T. (1996). Francisco de Miranda. ¿Don Juan o Don Quijote?. Caracas, Ediciones Gedisa.
20.    Quintero, I. (2005) El Último Marqués. Francisco Rodríguez del Toro. 1761 – 1851. Caracas, Fundación Bigott.
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22.    Troconis de Veracochea, E. (1983) Historia de las Cárceles en Venezuela (1600 – 1890). Col. Estudios, Monografías y Ensayos N° 28. Caracas, Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia.
23.    Reflexiones histórico-críticas sobre la Insurrección de Caracas. El historiador debe presentar los hechos tales como son y deducir las conseqüencias justas sin respetos humanos. En Instituto de Antropología e Historia. Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela.(1971) Anuario. Tomos IV-V-VI, años 1967-68-69. Volumen I. Caracas, Imprenta Universitaria.
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